Pippa Middleton, hermana de la princesa de Gales, y su esposo James Matthews, tuvieron que desprenderse de su proyecto agrícola y turístico conocido como Buckleberry Farm, luego de acumular de forma constante una deuda de más de seis cifras desde su compra en 2021.
La propiedad fue adquirida por alrededor de 1.3 millones de libras (aproximadamente 1.5 millones de euros), pero nunca logró consolidarse como un negocio rentable.
Qué era Buckleberry Farm y por qué no funcionó
La finca, de 72 acres, fue diseñada como un espacio de experiencias familiares con parque de animales, zona de juegos, cafetería y alojamiento tipo glamping.
También organizaba eventos temáticos como actividades infantiles en Semana Santa y celebraciones navideñas.
Sin embargo, pese a su oferta, la operación acumuló pérdidas que en 2025 alcanzaron más de 807,000 libras, lo que terminó por hacer inviable el proyecto.
Intentos de salvar el negocio con una guardería
En un intento por revertir la situación, la pareja solicitó autorización para construir una guardería en el terreno, dirigida a niños de entre nueve meses y cinco años.
El proyecto fue inicialmente aprobado, pero posteriormente enfrentó oposición de autoridades locales debido a preocupaciones por el aumento del tráfico en la zona.
A pesar de los intentos por justificar la iniciativa como una forma de “diversificación” para mantener la finca abierta al público, la licencia urbanística fue finalmente rechazada.
Críticas de vecinos y tensiones locales
El proyecto también generó resistencia entre algunos residentes, quienes cuestionaron el aumento en los precios de entrada y el enfoque comercial del espacio.
Un vecino llegó a describirlo como una “operación de recaudación de dinero con aires de superioridad”, reflejando el malestar por la evolución del negocio.
Parte de un entorno familiar con fuerte presencia inmobiliaria
Antes de su venta, Buckleberry Farm formaba parte de una extensa propiedad familiar en Berkshire, una zona donde los Middleton mantienen varias residencias de alto valor.
Entre ellas destaca Bucklebury Manor, propiedad de los padres de Pippa, valorada en millones de libras y con amplias instalaciones residenciales y recreativas.
La cercanía entre las propiedades familiares ha sido una constante en la vida de la familia Middleton, que ha desarrollado un patrimonio inmobiliario significativo en la región.
El cierre de un proyecto que no logró sostenerse
La venta de Buckleberry Farm marca el cierre de un intento de negocio que buscaba combinar turismo rural, actividades familiares y eventos recreativos, pero que no logró equilibrar ingresos y costos.
Con ello, Pippa Middleton y James Matthews ponen fin a una etapa empresarial que había generado expectativas, pero terminó enfrentando pérdidas continuas y obstáculos regulatorios.