La guerra contra Irán que impuso Israel al presidente de los Estados Unidos, dejó al descubierto, con la renuncia director del National Counterterrorism Center (NCTC), Joseph Kent -quien acusó a altos funcionarios israelíes y algunos medios de comunicación masivo de crear una campaña de desinformación- que el objetivo fue crear consenso al interior de la Casa Blanca de la necesidad de una intervención militar, replicando de este modo patrones previos a la guerra de Irak. Desde su punto de vista esto socavó completamente la plataforma de Donald Trump “Estados Unidos primero”. En el escrito, Kent deja establecido que Irán no representaba una amenaza inminente para EE.UU. Incluso le advierte a Trump sobre los peligros de escalar las acciones bélicas. Es una crítica directa desde dentro del aparato de seguridad de Estados Unidos, la cual abre una crisis interna.
En el campo de batalla 1,444 iraníes han muerto y 18,551 han resultado heridos desde el 28 de febrero. Estados Unidos solo reconoce 13 bajas y más de 200 heridos. A pesar de este balance positivo existe nerviosismo en el Pentágono. Teherán disparó al corazón del capitalismo cuando estrangulo el Estrecho de Ormuz, con drones, misiles y minas, cerrando el paso a los petroleros, los cuales transportan la quinta parte del oro negro que se comercia en el mundo. La reapertura de ese punto estratégico es la única forma de estabilizar los mercados energéticos.
El precio del barril del petróleo rebasó los 100 dólares, y en el mes de marzo ha tenido un aumento del 40 por ciento en su precio. Además Qatar no ha vuelto a producir gas natural licuado lo cual provocó un alza en su precio. Tal circunstancia erosiona política y económicamente al presidente estadounidense, Donald Trump, quien está pensando desplegar 2,500 infantes de marina en el Golfo en un intento de permitir el libre tránsito en el Estrecho de Ormuz. El problema es que estaría a merced de los iraníes.
El mandatario estadounidense no termina de digerir el rechazo de sus aliados quienes no enviarán ningún buque que le ayude en sus planes. Francia, Alemania, Noruega, Suiza y España descartaron unirse. La Unión Europea no tiene interés en ampliar la misión naval europea en el estrecho de Ormuz. Incluso la OTAN discute implementar otro tipo de mecanismos de disuasión. Japón, Canadá y China tampoco están interesados en auxiliar a Trump, mientras el Reino Unido y Corea del Sur buscan diferentes opciones.
Las reservas de petróleo están siendo utilizadas en esta crisis. Venezuela y Rusia resultaron beneficiados, el Departamento del Tesoro estadunidense emitió una licencia general que autoriza a las empresas de esa nación determinados acuerdos relacionados con la petrolera estatal venezolana Pdvsa y a Moscú le fueron suavizadas las sanciones impuestas desde occidente, en un intento de evitar el desabasto. Los países de medio oriente afines a Washington están a disgusto porque fueron arrastrados a un conflicto bélico no solicitado. El pasado 17 de marzo, Irán atacó con drones la Zona Industrial Petrolera de Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Han sufrido más de 1,800 ataques con misiles lanzados desde Teherán. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, justificó los ataques de su nación. Culpó a Estados Unidos de lo sucedido ya que trasladó a sus soldados de las bases militares a hoteles en esas ciudades. Mientras tanto, Israel sufre constantes ataques y al mismo tiempo realizó ataques sobre el sur del Líbano contra el grupo armado Hezbolá, respaldado por Irán, un millón de personas han sido desplazadas.
La paz parece todavía algo lejano.
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