Dos hechos en los últimos días confirman que los gobernantes y dirigentes de Morena padecen de una compulsiva obsesión autocrática.
Por un lado, la reiterada pretensión de sacar adelante una reforma político-electoral absolutamente antidemocrática, cuyo único fin es centralizar aún más el poder, debilitar al extremo la autonomía y funcionamiento de los órganos electorales, así como continuar reduciendo los márgenes de actuación de los partidos opositores, para lograr su propósito de mantenerse indefinidamente en el poder.
Por el otro lado, el llamado de “el verdadero jefe de la (autollamada) 4T”, AMLO, para recabar dinero con la finalidad de supuestamente enviar ayuda a Cuba y evitar el ahorcamiento de la autocracia más longeva de nuestro continente, mediante una cuenta en Banorte que está impregnada de sospechas después de unas cuantas horas de que se diera a conocer.
El llamado de Palenque de inmediato fue respaldado por Sheinbaum, a pesar de las crecientes presiones de Trump al gobierno mexicano para realizar acciones mucho más decididas y contundentes contra el crimen organizado y sus aliados narcopolítticos de Morena, lo cual ha colocado a nuestro país en una altísima situación de riesgo intervencionista norteamericano.
La obsesión por sacar adelante esa reforma los ha llevado a confesarse públicamente como delincuentes electorales que violan las leyes y los principios democráticos y republicanos consagrados en la Constitución.
Ya que no tuvieron los votos suficientes para reformar la Constitución, debido a que el PT y el Verde no apoyaron lo que significaba un suicidio político (prefirieron proteger sus dineros y las representaciones plurinominales), ahora Claudia ha impulsado un “nuevo” Plan B que vulnera el federalismo al meterse en las autonomías estatales (los congresos locales) y el principio del municipio libre (el régimen de gobierno interno de los municipios), así como al socavar la autonomía e independencia del INE y los órganos electorales locales por la vía del ahorcamiento económico.
Han anunciado que ahora sí el PT y el Verde apoyarán totalmente esas reformas. Al fin y al cabo que ellos ya lograron cuidar “lo suyo”, ¡para qué preocuparse por los riesgos autoritarios que corra la democracia, así como por los atentados que sufra el federalismo!
Además, no casualmente, para nada se proponen medidas para evitar el dinero sucio en las campañas electorales, con lo cual se reafirma lo que tanto les incomoda: que se les identifique mundialmente: como narcopartido y narcogobierno. No están dispuestos a hacerlo porque tendrían que ir contra relevantes miembros de la cúpula gobernante, aun cuando Trump incremente sus amenazas de intervención de manera más agresiva y abierta en nuestro territorio: “si no me entregas a narcopolíticos, entonces yo voy por ellos”, parece ser la postura del mandatario norteamericano.
De muy poco o nada sirve que Sheinbaum se envuelva en la bandera nacional "en defensa de la patria", cuando ellos mismos (AMLO, Morena y compañía) han mancillado nuestra soberanía nacional al entregarla a los grupos delictivos que siguen controlando grandes porciones del territorio mexicano, como bien lo sabe cada vez más mucha más gente.
Por esas mismas razones es tan revelador e imprudente el pronunciamiento de AMLO (supuestamente desde Palenque) en “solidaridad con Cuba”, un país cuyo gobierno está cada día más cuestionado por su población ante las enormes carencias que padece.
Hablo de imprudencia de “El Peje” porque evidencia lo que tanto molesta que le digan a Claudia Sheinbaum en sus “mañaneras”: es López Obrador el que sigue mandando. Y cada vez que él considere saldrá a reprender públicamente a quien se necesite. De ninguna manera está dispuesto a renunciar a su liderazgo porque pondría en riesgo la continuidad de su proyecto. Su decisión y orden es: hágase todo lo que se requiera para mantenernos en el poder. Lo demás es ¡imperdonable blandenguería!
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