La visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana no solo volvió a evidenciar el delicado momento que atraviesan las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. También colocó definitivamente bajo los focos a una figura hasta hace poco casi desconocida para buena parte de los cubanos: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado desde hace años El Cangrejo, nieto de Raúl Castro y hombre cada vez más visible en el núcleo duro del poder de la isla.
Su aparición constante en reuniones sensibles con representantes estadounidenses ha disparado las preguntas dentro y fuera de Cuba: ¿quién toma realmente las decisiones estratégicas en La Habana? ¿Hasta qué punto el presidente Miguel Díaz-Canel ejerce el control efectivo del sistema? ¿Y cuál es el papel real de esta figura discreta, sin cargo político relevante ante la opinión pública, pero situada en el corazón del aparato militar y familiar del castrismo?
Durante años, Rodríguez Castro El Cangrejo fue percibido simplemente como el escolta inseparable de su abuelo. Siempre detrás de Raúl Castro en actos oficiales, desfiles militares o visitas diplomáticas, su presencia parecía responder únicamente a funciones de seguridad. Pero la actual crisis cubana ha modificado radicalmente esa percepción.
John Ratcliffe, director de la CIA, ante autoridades cubanas en La Habana. / CIADesde que la Administración de Donald Trump endureció la presión económica sobre la isla y comenzaron los contactos discretos entre Washington y La Habana, El Cangrejo empezó a aparecer en escenarios clave. Estuvo presente en reuniones vinculadas a la cumbre de CARICOM, participó en conversaciones con enviados estadounidenses y formó parte de los encuentros celebrados recientemente en La Habana con la delegación encabezada por Ratcliffe.
La propia filtración de la CIA sobre la reunión con altos responsables cubanos —entre ellos el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, y el jefe de inteligencia, Ramón Romero Curbelo— alimentó todavía más las especulaciones sobre el peso creciente de Rodríguez Castro El Cangrejo dentro del sistema.
Oficialmente, Rodríguez Castro es coronel del Ministerio del Interior y jefe de la Dirección General de Seguridad Personal, encargada de la protección de Raúl Castro. Pero su relevancia excede claramente el ámbito de la seguridad. Su condición de nieto favorito del expresidente y, sobre todo, su doble vínculo con las dos grandes estructuras de poder cubanas —la familia Castro y el conglomerado militar-empresarial GAESA— lo convierten en una figura singular dentro del régimen.
Su padre, el fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, dirigió durante décadas GAESA, el gigantesco conglomerado militar que controla buena parte de la economía cubana, desde hoteles hasta comercio minorista, puertos o infraestructuras estratégicas. Su madre es Déborah Castro Espín, hija mayor de Raúl Castro. Esa combinación lo sitúa en el epicentro de una élite político-militar que durante décadas ha concentrado el verdadero poder en la isla.
Sin embargo, el fenómeno alrededor de El Cangrejo no se explica solo por la herencia familiar. También responde al vacío de liderazgo visible que atraviesa el sistema cubano. Mientras Díaz-Canel representa el poder institucional formal, muchos analistas creen que las decisiones fundamentales continúan dependiendo de estructuras militares, familiares y económicas mucho menos transparentes.
Vistas de La Habana. / Afro Angel en PixabayLa intelectual cubana Alina Bárbara López ha definido esta realidad como la coexistencia de “un poder formal y otro informal”. El primero estaría representado por el Gobierno y el Partido Comunista visibles ante la opinión pública. El segundo, mucho más opaco, estaría articulado alrededor de redes familiares, militares y empresariales donde figuras como Rodríguez Castro El Cangrejo o Romero Curbelo tendrían un peso creciente.
Ese carácter ambiguo explica también el interés que despierta actualmente El Cangrejo. A diferencia de otros miembros de la familia Castro, ha cultivado deliberadamente un perfil hermético. No concede entrevistas, evita la exposición pública y apenas existen declaraciones suyas conocidas. Precisamente por eso, cada aparición adquiere un fuerte contenido político.
Paradójicamente, el personaje también simboliza algunas de las contradicciones más profundas de la Cuba actual. Mientras millones de cubanos sufren apagones, escasez y deterioro económico, diversos medios independientes han documentado viajes privados, fiestas exclusivas y desplazamientos en jets de lujo vinculados a Rodríguez Castro. Investigaciones periodísticas internacionales han revelado frecuentes viajes a Panamá y presuntas conexiones empresariales y financieras relacionadas con sectores próximos a la élite gobernante.
Al mismo tiempo, su figura aparece rodeada de controversias nunca aclaradas públicamente, como el accidente ocurrido en Holguín en 2022, en el que resultó gravemente herida una joven madre cubana y en el que varios testimonios señalaron al nieto de Raúl Castro como conductor implicado. El silencio de los medios oficiales alrededor de aquel episodio reforzó la percepción de opacidad que acompaña al personaje.
El director de la CIA, John Ratcliffe, durante su reunión con altos cargos cubanos este jueves en La Habana. / CIAEl momento de redefinición interna
Pero más allá de las polémicas personales, el verdadero interés político reside en el papel que podría desempeñar en el futuro inmediato de Cuba. Algunos analistas creen que actúa únicamente como intermediario de su abuelo y del viejo núcleo de poder castrista. Otros sospechan que el sistema podría estar preparándolo gradualmente como figura de transición o como garante de continuidad dentro de una eventual reorganización del régimen.
El historiador cubano Enrique del Risco plantea incluso que su creciente protagonismo internacional podría formar parte de una estrategia para otorgarle legitimidad política antes de asumir funciones más visibles dentro del aparato estatal.
Cuando ya hay medios, como el influyente diario español El País, que hablan de una Cuba al borde del colapso que se asoma al vértigo del cambio impuesto desde Estados Unidos, el ascenso de El Cangrejo refleja hasta qué punto Cuba atraviesa un momento de redefinición interna. La crisis energética, el colapso económico, la presión estadounidense y el agotamiento social han obligado al régimen a mover piezas discretamente mientras intenta evitar tanto el derrumbe como una apertura incontrolada. Por si algo faltaba, la presencia en La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe, un día después de que el régimen admitiera el final de sus reservas de combustible podría acelerar la toma de la isla por parte de Donald Trump.
La gran incógnita sigue siendo si estas negociaciones con Washington conducirán únicamente a un reajuste económico bajo control militar o si abrirán realmente la puerta a una transformación política más profunda. Y precisamente en esa incertidumbre emerge la figura de Raúl Guillermo Rodríguez Castro: un hombre casi invisible para la opinión pública hasta hace pocos años, pero que hoy parece susurrar cada vez más cerca del verdadero centro de poder cubano. @mundiario