León, Guanajuato.- El humo comenzó a cubrir lentamente el escenario mientras las luces del Foro del Lago teñían de rojo la noche.
Afuera todavía había jóvenes buscando entrar, otros terminando una cerveza a prisa y algunos más acomodándose sudaderas oversize y gorras negras como uniforme no oficial para ver a Charles Ans.
Pero esta no parecía una fecha cualquiera.
Desde minutos antes del inicio se respiraba una sensación extraña entre el público. Había emoción, sí, pero también melancolía. Como si todos supieran que estaban presenciando el final de una etapa.
Cuando Charles apareció sobre el escenario, el grito fue inmediato. Decenas de celulares iluminaron el recinto mientras las primeras bases retumbaban en el pecho de los asistentes. Algunos brincaban; otros simplemente cerraban los ojos y cantaban cada palabra como si fuera una conversación pendiente.
Una noche para cantar heridas
El sonorense convirtió el concierto en una especie de catarsis colectiva. Entre luces tenues, visuales saturados y humo constante, fue soltando canciones que hablaron de desamor, excesos, ansiedad y noches largas.
Había parejas abrazadas cantando al oído. También grupos de amigos levantando vasos al aire y jóvenes sentados en el piso del Foro del Lago mirando el escenario con una mezcla de nostalgia y admiración.
Cada tema parecía tocar una herida distinta.
“¡León, gracias por crecer conmigo!”, lanzó el rapero en uno de los momentos más ovacionados de la noche.
La conexión con sus seguidores fue inmediata. No había distancia entre artista y público; parecía más una reunión entre viejos amigos marcados por las mismas canciones.
El peso de una despedida
Aunque nunca se habló directamente de un adiós definitivo, el ambiente de despedida se sintió durante gran parte del show.
Charles Ans se tomó varios momentos para agradecer el apoyo de sus fans, recordar etapas de su carrera y mirar en silencio hacia el público mientras miles de voces seguían cantando por él.
El Foro del Lago terminó convertido en un mar de luces blancas de celulares. Desde las primeras filas hasta quienes observaban desde atrás, todos parecían aferrarse a la noche para que terminara un poco más lento.
Las canciones finales fueron las más intensas. Hubo abrazos, lágrimas discretas y gritos desesperados pidiendo otra canción.
Y cuando las luces finalmente se encendieron, muchos permanecieron quietos unos segundos, como si aún no quisieran aceptar que el concierto había terminado.
Fotos: Laura López