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Mundiario 17 May, 2026 15:39

Andalucía rompe el guion de Moreno: el PP gana, pero vuelve a depender de Vox

Durante meses, Juan Manuel Moreno construyó su campaña sobre una idea sencilla y eficaz: Andalucía necesitaba estabilidad, moderación y una mayoría suficiente para evitar el “lío” de depender de terceros. El presidente andaluz aspiraba a consolidarse como el gran referente del centroderecha español, el dirigente capaz de gobernar sin sobresaltos, lejos de la polarización madrileña y sin ataduras con la ultraderecha. Pero las urnas han introducido una grieta en ese relato.

Con el escrutinio en su recta final, el PP ha ganado con claridad las elecciones andaluzas, mantiene una ventaja amplísima sobre el PSOE y sigue siendo la fuerza hegemónica en la comunidad más poblada de España. Sin embargo, la victoria deja un sabor mucho más amargo de lo previsto: Moreno pierde cinco escaños, se queda en 53 diputados y pierde la mayoría absoluta que convirtió Andalucía en el gran escaparate político de Alberto Núñez Feijóo.

La consecuencia es inmediata y políticamente incómoda para el PP: Vox vuelve a ser decisivo. No es un detalle menor. Andalucía había sido presentada durante los últimos años como la prueba de que el PP podía ampliar su base electoral hacia el centro y absorber parte del voto moderado sin depender necesariamente de Santiago Abascal. Ese argumento se debilita ahora. Moreno podrá gobernar previsiblemente gracias a la abstención o el apoyo de Vox, pero la simple necesidad de negociar con la formación ultraderechista modifica por completo el significado político de la victoria popular.

El problema para el presidente andaluz no es solo aritmético. Es simbólico. Moreno ha construido cuidadosamente una imagen de dirigente pragmático, sereno y centrista, muy distinta de otros líderes territoriales del PP más ideologizados. Precisamente por eso, la pérdida de la mayoría absoluta adquiere una dimensión nacional. El dirigente que debía demostrar que era posible gobernar desde la moderación sin apoyarse en Vox termina dependiendo otra vez de la formación ultraderechista para mantenerse en San Telmo.

Vox lo sabe. La reacción del partido de Abascal no dejó espacio para la ambigüedad. “Prioridad nacional”, proclamaron sus dirigentes tras conocerse los resultados. Manuel Gavira reivindicó el valor de cada voto y Abascal celebró que su partido vuelva a ser “decisivo”. Aunque Vox crece solo un escaño, pasando de 14 a 15 diputados, recupera algo políticamente mucho más relevante: capacidad de influencia. La había perdido parcialmente tras la mayoría absoluta del PP en 2022 y ahora vuelve a ocupar el lugar de árbitro de la derecha andaluza. Eso obliga al PP a afrontar una contradicción delicada. Cuanto más necesite a Vox, más difícil será sostener el discurso de la moderación. Y cuanto más visible sea la influencia de Vox en Andalucía, más complicado resultará para Feijóo mantener la narrativa de un PP autónomo y centrado ante futuros escenarios nacionales.

La política española lleva años instalada en una dinámica donde las mayorías absolutas se han convertido en excepción. Andalucía parecía escapar a esa lógica. Ya no. Sin embargo, reducir la lectura electoral únicamente al retroceso del PP sería insuficiente. La gran novedad de estas elecciones aparece también en la izquierda y tiene nombre propio: Adelante Andalucía. La formación andalucista liderada por José Ignacio García protagoniza el gran terremoto político de la noche. Pasa de dos a ocho escaños, logra grupo parlamentario propio y supera claramente a Por Andalucía, la coalición que reúne a Izquierda Unida, Podemos y Sumar. El crecimiento de Adelante no solo altera el reparto interno de la izquierda; refleja además un fenómeno político más profundo: el resurgir de identidades territoriales propias dentro del espacio progresista.

Durante años, Andalucía parecía ajena a las dinámicas de nacionalismo periférico que sí marcaron la política catalana, vasca o gallega. Pero el ascenso de Adelante demuestra que existe un espacio político para un andalucismo social, autonomista y de izquierdas capaz de conectar con sectores urbanos, jóvenes y desencantados con las estructuras tradicionales de la izquierda estatal.

La figura de Teresa Rodríguez, fundadora del proyecto y referente político de ese espacio, sigue siendo central pese a no ocupar la primera línea institucional. Su anuncio público de que está siendo tratada de un cáncer añadió una dimensión humana y emocional inesperada a la noche electoral y reforzó la atención sobre una formación que ya venía creciendo silenciosamente en Cádiz y Sevilla. 

Ilustración sobre Juan Manuel Moreno y María Jesús Montero. / Mundiario.

El resultado vuelve a ser decepcionante para el PSOE, que cae de 30 a 28 escaños y firma otro mínimo histórico en una comunidad donde hace apenas dos décadas rozaba el 50% de los votos

El avance de Adelante tiene además otra derivada importante: evita una derechización más profunda del Parlamento andaluz. Aunque el bloque conservador mantiene la mayoría absoluta, la izquierda en conjunto aumenta su representación, pasando de 37 a 41 escaños gracias al empuje andalucista. Eso no evita, sin embargo, el mal resultado del PSOE. María Jesús Montero llegaba a estas elecciones con el objetivo de reconstruir un partido que lleva años encadenando derrotas en su antiguo gran bastión. El resultado final vuelve a ser decepcionante: el PSOE cae de 30 a 28 escaños y firma otro mínimo histórico en una comunidad donde hace apenas dos décadas rozaba el 50% de los votos.

Pero el retroceso socialista contiene un matiz relevante. Dentro del partido existía el temor real a una debacle mucho mayor. La campaña no logró generar una ola de cambio, pero tampoco terminó en hundimiento. María Jesús Montero conserva cierto margen político porque el desgaste ha sido limitado y porque el PP pierde la mayoría absoluta, algo que permite al PSOE recuperar parcialmente el discurso de la “dependencia de Vox”.

Aun así, el problema estructural continúa intacto. Andalucía ya no es el corazón electoral del socialismo español. El cambio político iniciado en 2018 ha dejado de ser una anomalía para convertirse en una nueva normalidad. Y quizá esa sea la conclusión más importante de la jornada electoral. El PP sigue siendo claramente el partido dominante en Andalucía, pero ya no controla el tablero con la comodidad de hace cuatro años. Vox consolida su papel como socio inevitable de la derecha. El PSOE no logra reconstruir su antigua hegemonía. Y mientras tanto emerge una izquierda andalucista que introduce nuevas variables en un sistema político que parecía estabilizado. Moreno ha ganado. Pero Andalucía le ha recordado que gobernar en la España fragmentada de hoy ya no consiste solo en vencer, sino en administrar dependencias. @mundiario

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