HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Aldialogo 18 May, 2026 19:20

La autoderrota moral de la 4T: Roberto Mendoza

null

Roberto Mendoza

Andrés Manuel López Obrador entendió un sentimiento que millones de mexicanos tenían años acumulando: el país era gobernado por una élite política, económica y cultural que no solo concentraba el poder, también despreciaba a todos fuera de él. El enojo contra los privilegios era real. Por eso funcionó la narrativa de los fifís, los conservadores y los neoliberales. La Cuarta Transformación nació como una rebelión moral y dio forma a una doctrina política. México no solo quería un cambio de Gobierno; quería castigar simbólicamente a quienes durante años ejercieron el poder con soberbia y distancia.

El problema inició cuando esta rebelión tuvo que gobernar. La promesa era destruir las viejas estructuras de corrupción y privilegio, pero la narrativa chocó contra la realidad. Cambiaron grupos, contratos y beneficiarios, pero no la lógica del poder. La revolución moral comenzó a vivir con opacidad, pragmatismo político y nuevas redes de influencia alrededor del Gobierno. Mientras el discurso seguía señalando conservadores y neoliberales, la realidad rompió la narrativa: desaparecidos, medicamentos insuficientes, gobernadores cuestionados, obras polémicas y presiones internacionales que ya no pueden explicarse desde la vieja polarización política.

Ese es el verdadero desgaste de la 4T. No la oposición, a la que derrotó hace tiempo, sino el deterioro de la autoridad moral que le dio origen. Las batallas simbólicas ya no alcanzan para explicar un país contaminado por inseguridad, crisis institucionales y contradicciones internas. La narrativa que durante años organizó el enojo social empieza a perder fuerza frente a una realidad mucho más compleja. Ahí se encuentra la paradoja más profunda del obradorismo: el movimiento que nació denunciando los excesos del poder terminó devorado por aquello que combatía.

Contenido Patrocinado