La elección de Carmen del Riego como nueva presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España llega en uno de los momentos más delicados para el periodismo español desde la recuperación democrática. No porque falten periodistas, medios o plataformas, sino precisamente por la saturación informativa, la polarización política y la creciente dificultad de distinguir entre información, propaganda, entretenimiento o manipulación organizada.
En ese contexto, las palabras pronunciadas por Del Riego tras ser proclamada presidenta en la LXXXV Asamblea General de la FAPE, celebrada en Santiago de Compostela, poseen un evidente valor simbólico y también una cierta carga de advertencia. “La primera obligación de esta junta será la defensa del buen hacer periodístico, siempre pensando en la sociedad”, afirmó la veterana periodista parlamentaria. Y añadió algo quizá todavía más relevante: “Hay quien quiere pervertirlo, disfrazarlo y anularlo”.
La frase resume bastante bien el clima que atraviesa el periodismo contemporáneo. Nunca existieron tantas herramientas para informar y, al mismo tiempo, nunca fue tan sencillo intoxicar el debate público. Redes sociales, algoritmos, canales pseudoinformativos y estrategias de desinformación organizadas han erosionado parte de la autoridad tradicional de los medios. El problema es que, en muchos casos, la crisis de confianza no puede atribuirse únicamente a factores externos. También existe una ciudadanía cansada del ruido, de los excesos ideológicos y de una velocidad informativa que a menudo sacrifica el rigor por el impacto inmediato.
Carmen del Riego reivindica un periodismo “veraz” frente a los bulos y la manipulación
Por eso la figura de Carmen del Riego adquiere una dimensión particular. Su trayectoria representa una determinada escuela del periodismo político español: la del seguimiento constante de las instituciones, la verificación de fuentes, el conocimiento profundo de la vida parlamentaria y una cultura profesional construida desde las redacciones tradicionales. En tiempos de tertulianización acelerada de la política, su perfil remite a una generación de periodistas que todavía concebía la información como un ejercicio de intermediación rigurosa entre poder y ciudadanía.
Nacida en Oviedo y formada en la Universidad Complutense de Madrid, además de licenciada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universitat Oberta de Catalunya, Del Riego inició su carrera en Europa Press en 1982, antes de pasar por Diario 16, participar en la creación de El Sol y consolidarse finalmente como una de las grandes cronistas políticas de La Vanguardia. Su biografía profesional recorre, en realidad, buena parte de la evolución del periodismo político español desde la Transición hasta la actualidad.
Pero probablemente uno de los elementos más significativos de su elección reside en otra cuestión: la reivindicación del periodismo profesional frente a la creciente confusión entre información y activismo. La nueva presidenta de la FAPE insistió en la necesidad de “restablecer la confianza” de los ciudadanos y ayudarles a identificar “dónde se puede encontrar la información de calidad, veraz”. Esa apelación contiene una idea esencial: la batalla del periodismo contemporáneo ya no consiste solo en informar antes que nadie, sino en demostrar credibilidad.
La FAPE no posee capacidad legislativa ni ejecutiva para resolver los problemas estructurales del sector. No puede corregir la precariedad laboral que afecta a miles de periodistas, ni transformar por sí sola el modelo económico de los medios, ni frenar la lógica tóxica de determinados entornos digitales. Pero sí puede actuar como referencia ética y profesional en un tiempo donde muchas fronteras se han difuminado.
La propia composición de la nueva junta directiva refleja una apuesta por la continuidad institucional y la experiencia. Junto a Del Riego se incorporan periodistas como José Francisco Serrano Oceja, Juan Fernando Cacicedo o María Teresa Antona, mientras continúan figuras ya presentes en anteriores equipos directivos. También resulta significativa la intención de incorporar al expresidente Nemesio Rodríguez y a Carolina Fernández, en una señal de búsqueda de cohesión interna dentro de la federación.
La veterana cronista parlamentaria sucede a Miguel Ángel Noceda al frente de la FAPE
La salida de Miguel Ángel Noceda –otro gran periodista–, tras cuatro años al frente de la organización, coincide además con un momento especialmente sensible para el debate público español. Las tensiones entre partidos y medios, las acusaciones cruzadas de manipulación, la presión sobre periodistas en redes sociales o el auge de discursos abiertamente antiprensa forman parte ya del paisaje político cotidiano.
En ese escenario, quizá el mayor desafío de Carmen del Riego no sea únicamente defender a los periodistas, sino defender la utilidad social del periodismo. Y eso implica algo más complejo que combatir bulos o denunciar campañas de desinformación. Implica recuperar una relación de confianza con una sociedad que, en demasiadas ocasiones, percibe a los medios como actores más del conflicto político.
La nueva presidenta de la FAPE parece consciente de ello. Su discurso evitó tanto el victimismo corporativo como la complacencia. Apostó, en cambio, por reivindicar el “buen periodismo” como una necesidad democrática. Puede parecer una idea clásica, incluso antigua, pero quizá precisamente por eso vuelve a resultar pertinente. Porque cuando la verdad compite en igualdad de condiciones con la mentira viral, el periodismo deja de ser únicamente una profesión. Se convierte en una infraestructura esencial de la democracia. @mundiario