Imaginen una pantalla donde, de repente, los titulares sobre las crisis de última hora son sustituidos por paisajes frondosos, alas de mariposa y una paleta de colores que oscila entre el verde bosque y el rosa empolvado. No, no es el tráiler de una nueva película de fantasía, es el “Fairycore”, la última gran rebelión estética de los nativos digitales.
Si hace diez años las tribus urbanas se definían por los discos que escuchaban, los barrios que frecuentaban, las revistas que leían o sus referentes culturales, hoy el sentido de pertenencia se dicta a golpe de algoritmo.