Se llamaba Cholito, y era célibe. Su soltería no fue fruto del azar, sino de ponderado cálculo: en su opinión era mentira aquello de “Llórate pobre, pero no te llores solo”. Estar solo cuesta menos que vivir acompañado. Cuando alguien le decía a Cholito que una esposa te ayuda a llevar las cargas de la vida, él contestaba:
–Las cargas que no tendrías si no tuvieras una esposa.