A doce días de que concluyan las campañas y a tan sólo dos semanas de la elección de diputados locales, más allá del barullo en cruceros estratégicos, la propaganda bajo los puentes, algunos espectaculares dispersos y una escasa presencia en los medios de comunicación, la grisácea oferta partidista de candidatos al Congreso del Estado parece alimentar el desinterés ciudadano y reforzar la poca relevancia que estos comicios ocupan en el imaginario colectivo.
A pesar de la importancia que tiene el Congreso en la vida pública estatal, las elecciones para diputados suelen desarrollarse bajo un clima de apatía y escaso interés ciudadano. A diferencia de las contiendas para gobernador o alcaldes, donde existe una mayor exposición mediática y una percepción más clara de las responsabilidades del cargo, las campañas legislativas transcurren generalmente con bajo perfil, poca discusión pública y una limitada participación ciudadana.