Mario Crespo. (San Antonio de los Baños, Cuba, 1949). Es un destacado realizador cinematográfico, director teatral y docente con más de 40 años de trayectoria en Cuba, Venezuela y España. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana y alumno fundador de la EICTV de San Antonio de los Baños, inició su carrera en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como guionista y director asistente de maestros como Humberto Solás —integrando además su grupo de creación—, Manuel Octavio Gómez y Enrique Pineda Barnet.
Su obra incluye el emblemático largometraje Mujer Transparente (Cuba-1990) y Lo que lleva el río (Venezuela-2015), estrenado en la Berlinale, preseleccionado a los premios Oscar y Goya, y exhibido en el MoMA de Nueva York (2015 ) y el Museo Smithsonian de Washington. Reconocido internacionalmente con premios como el FIPRESCI y distinciones en festivales como San Sebastián, Huelva y La Habana, ha consolidado de manera paralela una notable labor como educador e impulsor cultural, dictando cátedras de cine en Caracas y Madrid, y cofundando la Escuela de Cine del Sahara. Mario Crespo residió desde 1992 hasta el 2018, en Venezuela. Actualmente vive en Madrid.
Desmantelar el ego del autor: En el periodismo contemporáneo y el análisis cultural, pocas veces nos enfrentamos a testimonios que desafíen de manera tan radical el concepto del "autor". En esta exclusiva para Coexpace, nos adentramos en la trayectoria de un cineasta que, lejos de utilizar la cámara como un instrumento de observación o de manipulación estética —al mejor estilo del padre del documental, Robert Flaherty—, decidió dar un paso atrás.
Su filosofía es clara: renunciar al ego para permitir la autorrepresentación. A través de un viaje que transita por el infierno del Retén de Catia, el aislamiento del Delta del Orinoco y la resistencia en el desierto del Sáhara, este realizador transformó la pedagogía de la imagen en un territorio de emancipación política y moral.
El Retén de Catia y el proyecto "Caballo de Troya": El Retén de Catia, construido originalmente en 1966, en Caracas, para albergar a 600 reclusos por delitos menores, se transformó con los años en el "monstruo del oeste": un símbolo de degradación judicial y hacinamiento extremo que llegó a confinar a más de 3,600 reos en condiciones inhumanas antes de su demolición en 1997. En pleno gobierno de Rafael Caldera, el Museo Jacobo Borges impulsó el proyecto Caballo de Troya, una iniciativa que convocó a creadores de diversas disciplinas para generar alguna transformación dentro de ese abismo.
"Al entrar allí, la realidad me golpeó de frente. Era un abismo de silencio... gente que se auto silenciaba en los gritos y en los golpes contra las puertas de metal", expresa Mario.
Inspirado en un experimento docente previo de su compañera, Isabel Lorenz, quien en 1992 entregó cámaras muy sencillas a niños de Ciudad Tablitas (Catia) para que registraran su asombro en el documental Un loco y feliz viaje, el cineasta comprendió que su labor no debía ser filmar el dolor ajeno desde el prejuicio del ciudadano externo. Al notar que las miradas de los reclusos no pedían lástima, sino ser escuchados, se despojó de la cámara en sus primeras visitas para enfocarse en la convivencia.
Retén de Catia. Proyecto Caballo de Troya. / Mario Crespo.El resultado de esta inmersión fue Jálame Calle, una videoinstalación cuyo título emula el grito desesperado y sin autocompasión que los internos lanzaban hacia la calle. El espacio expositivo del museo rompió la comodidad del espectador al recrear fielmente el interior de una celda (llamado "bugalú" por los internos), construida por tres reclusos bajo permiso especial. Dentro de este cubículo, se proyectaron en dos terminales de video, las crudas imágenes sin editar capturadas por los propios reos, convirtiendo el espacio artístico en una evidencia innegable de una crisis estructural.
La Fundación Yakarí y el cine "Con Mirada Propia": La metamorfosis ética experimentada en Retén de Catia dio origen a la Asociación Civil Yakarí para la Integración y Participación Ciudadana, fundada junto a Isabel Lorenz. Gracias al financiamiento obtenido tras ganar el Premio FAMA (Fondo de Aportes Mixtos a las Artes), otorgado por la Fundación Polar y la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, la institución adquirió equipos tecnológicos para consolidar el proyecto sombrilla Con Mirada Propia.
El propósito medular de Yakarí no era el asistencialismo cultural, sino el acompañamiento a través del cine de transferencia en tres frentes:
Niños con síndrome de Down mediante la Fundación Apoye.
Estudiantes de la escuela Fe y Alegría (Colegio Kennedy) en el barrio Bolívar de Petare.
Comunidades indígenas en el Delta del Orinoco.
Aliados con la Fundación Tierra Viva, el equipo se trasladó cinco horas río abajo en el Delta del Orinoco para trabajar con la etnia warao en una comunidad desprovista de electricidad. El objetivo no respondía a un idealismo rousseauniano del "buen salvaje", sino al deseo de proporcionar herramientas a una comunidad poco permeada por Occidente para que se retratara bajo sus propios códigos conceptuales.
De una convivencia profunda y un proceso de transferencia tecnológica en el Delta del Orinoco, nació la película de autor Lo que lleva el río. El filme fue rodado enteramente en la región con actores no profesionales de la etnia warao y hablado en su idioma nativo. Aunque en esta ocasión el cineasta asumió el rol de director, el guion fue validado y legitimado comunitariamente por los propios actores indígenas, eliminando así cualquier asomo de paternalismo criollo.
Cartel del filme venezolano Lo que lleva el río, de Mario Crespo. / Carlos González.Del Delta al Sáhara: Desmontando prejuicios globales: La experiencia acumulada en Venezuela se expandió internacionalmente hacia los campamentos de refugiados saharauis en el desierto de Argelia, donde el cineasta participó en la fundación de la Escuela de Cine del Sáhara 'Abidin Kaid Saleh'. En este contexto de resistencia de la población beduina y seminómada —desplazada tras la salida del ejército español en 1975 y la posterior invasión de la Marcha Verde de Marruecos—, el realizador se enfrentó a un nuevo cambio de paradigma respecto al rol de la mujer en el mundo musulmán.
De un aula de 29 alumnos, 27 eran mujeres jóvenes con velo que, lejos del estereotipo de sumisión occidental, lideraban la distribución de recursos y la organización social mientras los hombres defendían el frente. Al entregarles las cámaras, y acompañadas por el camarógrafo Marcelino Primera y la editora Judilam Goncalvez, las estudiantes asumieron la dirección y produjeron trece cortometrajes en apenas un mes. Las piezas documentaron con autenticidad absoluta sus rituales, bodas, procesos de enseñanza y la emblemática ceremonia del té, demostrando la capacidad del cine para desmantelar prejuicios globales.
Sahara argelino. Filmación en el campamento de refugiados saharauis. / Marcelino Primera.Conclusión: El cine como mediador de la coexistencia: Para este documentalista, el cine trasciende las fronteras físicas y los formatos tradicionales de las plataformas de difusión masiva, las cuales hoy exigen dinámicas aceleradas y estructuras basadas en el clímax permanente. El cine es, por antonomasia, el lenguaje colectivo y el mejor embajador del diálogo humano.
Al reflexionar sobre su legado, Mario rechaza la pretensión del reconocimiento individual y concluye con una premisa humanista: su mayor deseo es que en el futuro no se requieran proyectos de empoderamiento porque el acceso a la autorrepresentación sea un derecho natural y cotidiano. En sus propias palabras, la convivencia con los reclusos de Catia, las comunidades del Delta y los refugiados saharauis le otorgó un beneficio superior al enseñado: "Yo he ganado más que lo que he dado", sentencia.
¿Qué es Coexpace?
Coexpace es una plataforma cultural internacional que promueve la coexistencia y la resolución de conflictos a través del cine, el arte y la pedagogía. Su labor se sostiene en tres pilares: el cine como puente colectivo en comunidades vulnerables, la visibilización de creadores en contextos de resistencia para preservar la memoria histórica, y el "cine de transferencia", que entrega las cámaras a grupos marginados para garantizar su autorrepresentación libre de miradas paternalistas. En definitiva, funciona como un ecosistema que utiliza el impacto del arte para sacudir conciencias, empoderar a los silenciados y fomentar una cultura de paz global.
Los lectores de MUNDIARIO pueden ver la entrevista completa de Coexpace a Mario Crespo: