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AM 21 Mar, 2026 06:00

El fin del castrismo 

Gente querida: como lo he compartido con ustedes por años, siempre he defendido el proyecto de la revolución cubana y el idealismo que representa la búsqueda del “hombre nuevo” anunciado por el Che Guevara. La revolución, desde su triunfo en 1959, al acabar con la dictadura de Fulgencio Batista, prometió un país mejor para todos los cubanos. Pero la revolución se fue radicalizando y estando en medio de la Guerra fría entre los Estados Unidos su feroz vecino y la Unión Soviética, Cuba tuvo que tomar partido y echarse a los brazos soviéticos. Como otras revoluciones, la cubana, fue unipersonal y uni familiar y concentraron el poder en Fidel Castro y su familia, creando una cultura y un culto a él, para inculcar en tres generaciones, que Fidel y solo él, era el prohombre, quien encarnaba los ideales y había que venerarle y eternizarlo.

La construcción del socialismo, pasó por un modelo político hegemónico, único y totalitario, con un solo partido político, impedía la expresión de otras corrientes ideológicas. En lo económico, al concentrar la propiedad en el Estado, evitó y mató la iniciativa personal y en lo social, con el paso de las décadas, comenzó a generalizar la pobreza. La productividad se fue a pique y con la caída del muro de Berlín en 1989, el subsidio soviético se fue esfumando y al ser una isla con bloqueo comercial de los EUA y no tener la libertad individual, obligó a Cuba a depender de subsidios de otros países. Así fue como Venezuela y México dieron ese apoyo político y económico, para intentar prolongar el proyecto de una revolución que, con el paso de las generaciones, fue perdiendo el aval del pueblo que fue conociendo la pobreza extrema y la huida a otras latitudes.  

En los seis viajes que hice a la isla, cultivé fraternas amistades con académicos y pude constatar el enorme deterioro de la calidad de vida de los cubanos. La crisis sistémica, en mi opinión se debe a la interacción de dos factores, pues, por un lado, es cierto que el bloqueo merma la capacidad comercial y por el otro, fue la falta del motor del emprendimiento natural que tenemos los seres humanos y que el socialismo evita. Todo colapsó. Era cuestión de tiempo. Una revolución que no da de comer al pueblo, está condenada a morir. Así fue que el castrismo, esa dinastía nepotista de privilegiados que heredaron el poder de generación en generación, tenía que llegar a su fin. Por más logros que haya alcanzado hace décadas en la salud, el deporte y la educación, la revolución toda, se fue desmoronando, pues tampoco podía centrarse en la deidad de Fidel, quien nunca tuvo la mínima capacidad de autocrítica.

Nadie es eterno, ni Fidel, así que era cuestión de tiempo que cayera el castrismo -que, me duele decirlo- fue un régimen autócrata que no permitió el juego político y que concentró el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial en una persona, sin permitir algún tipo de contrapeso. Claro que me entristece la muerte de la revolución y los ideales que encarnó, pero me alegra el fin del nepotismo. No se puede dejar el futuro de un pueblo en las manos de una persona y una familia, menos habiendo sido alguien tan ególatra y totalitario como lo fue Fidel, aquel que por horas hablaba frente a los micrófonos y no permitía la expresión de los demás. La pobreza y la miseria de los últimos 30 años del pueblo cubano merecen que acabe el castrismo y construyan un futuro. No me alegra que los norteamericanos intervengan y menos, cuando el exilio de Miami guarda tantos rencores y deudas financieras y que seguramente van a cobrar, como lo escuche en el Versailles de Miami. Sé del exilio de cantidad de amigos que viven en otros países y que, con su enorme capacidad científica y profesional, debieron migrar para poder subsistir. 

Sigo creyendo en el sueño del Che, de que es posible construir una sociedad mejor, pero estoy seguro que lo que hoy es Cuba, no es el sueño, la utopía, que tanto admiramos en el pasado en la revolución cubana. Las jóvenes generaciones están muy distante de la revolución y solo saben de privaciones y del corte de las libertades que tanto quieres los jóvenes. Cuba se derrumba como sus edificios y calles con el colapso de sus servicios públicos, pero estoy seguro que si se desata la fuerza del emprendimiento colectivo, Cuba volverá a nacer y dejará en el olvido al castrismo para imaginar nuevamente el mañana colectivo que originalmente quisieron los mejores revolucionarios.

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