La estadística, se ha señalado en todos los tonos posibles, constituye una herramienta extraordinaria para medir la eficacia de las políticas públicas. El diseño y seguimiento de indicadores representa, en este sentido, uno de los instrumentos de política pública más relevantes.
Pero para que la dinámica de los indicadores sea realmente relevante, ésta debe hacerse sin fines propagandísticos o de exacerbación de los gobiernos. Y eso aplica, desde luego, para los gobiernos de cualquier corte ideológico y de cualquier orden.