Las máquinas tragamonedas que durante años fueron vistas como un juego inofensivo en las tiendas de barrio, proliferaron al amparo de los vacíos legales, falta de políticas preventivas y la escasa supervisión de las autoridades.
Estas omisiones permitieron que el crimen organizado se apoderara de este negocio, que extrae dinero de las familias de bajos ingresos, normaliza la cultura de la apuesta y acerca a niños y adolescentes a las redes criminales, advierten especialistas en economía y seguridad.