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Mundiario 31 May, 2026 16:27

Beaufort vuelve a la guerra: Israel ocupa el histórico castillo y profundiza los ataques al Líbano

La guerra entre Israel y Hezbolá ha alcanzado una intensidad no vista desde hace décadas con la toma del castillo de Beaufort, una fortaleza medieval situada en una de las elevaciones más estratégicas del sur del Líbano. Más allá de su valor militar inmediato, la ocupación representa un movimiento cargado de simbolismo histórico y político que refleja cómo el conflicto, lejos de estabilizarse tras el alto el fuego de abril, se dirige hacia una escalada cada vez más peligrosa

La captura del enclave se produce 26 años después de que Israel abandonara esta posición durante su retirada unilateral del sur libanés en el año 2000. Ahora, con tropas israelíes cruzando nuevamente el río Litani y ampliando la denominada “franja de seguridad”, Beaufort regresa al centro del tablero militar regional.

La importancia de Beaufort no radica únicamente en su historia. Situado a unos 700 metros de altura sobre un imponente risco rocoso, el castillo domina visualmente amplias zonas del sur del Líbano y parte del norte israelí. Desde el punto de vista táctico, controlar esta elevación significa obtener capacidades privilegiadas de vigilancia, observación artillera y control territorial.

Construido por los cruzados en el siglo XII sobre estructuras anteriores, el enclave ha sido utilizado durante siglos por distintos ejércitos y poderes regionales. Cruzados, mamelucos, otomanos, fuerzas francesas, la OLP, Israel y posteriormente Hezbolá han utilizado la fortaleza por su posición dominante.

Para Israel, además, Beaufort tiene una dimensión emocional y política adicional. Fue uno de los símbolos de la ocupación israelí del sur del Líbano entre 1982 y 2000 y escenario de algunos de los combates más costosos contra la milicia chií. Por eso, las palabras de del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reflejan esa dimensión histórica: "Hoy hemos regresado a Beaufort de manera diferente. Unidos, determinados y más fuertes que nunca".

La recuperación del enclave pretende proyectar un mensaje interno de fortaleza, pero también uno externo dirigido tanto a Hezbolá como a Irán.

La ofensiva israelí cambia de escala y rompe el equilibrio del alto el fuego

La ocupación del castillo no es un hecho aislado. Forma parte de una expansión más amplia de las operaciones terrestres israelíes en el sur libanés. Según Israel, la ofensiva busca neutralizar infraestructuras militares utilizadas por Hezbolá para lanzar proyectiles contra localidades israelíes del norte.

El ministro de Defensa, Israel Katz, justificó la operación y declaró que “es un mensaje claro a nuestros enemigos. Quien amenaza a las ciudades de Israel perderá sus activos estratégicos uno tras otro”.

Sin embargo, la ampliación territorial israelí ocurre mientras sigue vigente formalmente un alto el fuego anunciado a mediados de abril. Esa contradicción explica parte del deterioro actual: ambas partes se acusan mutuamente de violar la tregua mientras continúan intensificando sus acciones militares.

La orden de ampliar la maniobra terrestre emitida por Netanyahu confirma que Israel considera insuficiente la situación creada tras la tregua y busca crear una zona de amortiguación más profunda en territorio libanés.

La respuesta de Hezbolá tampoco se ha limitado al terreno simbólico. El movimiento chií ha extendido el alcance de sus ataques hacia zonas próximas a Haifa y ha incrementado el uso de drones explosivos guiados por fibra óptica, una tecnología especialmente difícil de interceptar.

Estos sistemas representan uno de los principales desafíos tácticos para Israel porque reducen la eficacia de los sistemas tradicionales de defensa aérea. De hecho, el ejército israelí reconoció recientemente nuevas bajas vinculadas a este tipo de ataques.

 

Israel consolida su invasión del sur del Líbano con la captura del histórico castillo cruzado de Beaufort

Los detalles, con @Racuelilla pic.twitter.com/dKz9FtKMzF

— Telediarios de TVE (@telediario_tve) May 31, 2026

El Gobierno libanés queda atrapado entre Israel y Hezbolá

La posición oficial libanesa refleja las profundas limitaciones del Estado para controlar el conflicto.

El primer ministro Nawaf Salam denuncia que Israel aplica una política de “tierra quemada”, mientras intenta mantener abiertas las negociaciones indirectas. Paralelamente, también critica las acciones unilaterales de Hezbolá, consciente de que la capacidad estatal para decidir sobre guerra y paz continúa limitada.

Este equilibrio extremadamente frágil explica por qué Beirut intenta simultáneamente contener la presión israelí y limitar la autonomía militar de Hizbulá sin provocar una fractura interna.

La creciente preocupación internacional quedó reflejada en la reacción francesa. El ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas argumentando que “nada puede justificar la continuación de las operaciones militares israelíes en el Líbano ni una ocupación cada vez más profunda del territorio libanés”.

La iniciativa francesa busca evitar que la situación derive hacia una guerra regional más amplia, especialmente en un contexto donde Estados Unidos mantiene contactos simultáneos sobre Irán, Gaza, Líbano y Siria.

La recuperación israelí de Beaufort encierra una paradoja histórica. El lugar que simbolizó durante décadas el coste humano y político de la ocupación israelí vuelve a convertirse en epicentro militar.

La fortaleza, que había sido restaurada parcialmente y reabierta al turismo tras 2000, vuelve ahora a ser una posición de combate. Su captura ofrece ventajas tácticas evidentes, pero también evidencia algo más profundo: la incapacidad de las sucesivas treguas para resolver los factores estructurales que sostienen el conflicto fronterizo entre Israel y Hezbolá. @mundiario

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