Cantabria es conocida por ser un paraíso montañés en el que la cultura, la naturaleza y la gastronomía se unen para crear un espacio único para los viajeros de todo el mundo, pero sobre todo para los mexicanos.
Gracias a una historia de conexión y una gran oferta de experiencias que dialogan con nuestra sensibilidad, la región española del norte ya no es solo un destino soñado: hoy es más accesible que nunca.
Y es que quien viaja a estas tierras es porque busca historias, conectar y vivir el patrimonio cultural del lugar, mismo que está al alcance de todos los visitantes.
Iberia, la aerolínea española, ha confirmado que desde Madrid es posible conectar con Santander —capital de Cantabria— desde ciudades clave de América Latina como Ciudad de México, Monterrey, Bogotá, Lima, Buenos Aires y São Paulo, consolidando a la capital española como uno de los principales centros de distribución aérea entre la región y Europa.
Para el viajero mexicano, esto significa que Cantabria ya no requiere más que un vuelo y una escala corta en Madrid.
El primer arte del mundo, bajo tierra
Si hay un argumento que coloca a Cantabria en una categoría aparte dentro del turismo cultural, es su patrimonio prehistórico.
La región concentra más de 60 cavidades con pinturas y grabados realizados hace más de 35 mil años, de las cuales diez forman parte del conjunto denominado Arte rupestre paleolítico de la Cornisa Cantábrica, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
La más célebre de estas cuevas es Altamira, ubicada en Santillana del Mar. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985, su techo de los polícromos ha recibido comparaciones con la Capilla Sixtina del arte rupestre.
Dado que el acceso a la cueva original está restringido por razones de conservación, el Museo Nacional de Altamira ofrece la Neocueva: una réplica exacta que permite vivir la experiencia sin comprometer el sitio.
Eva Guillermina Fernández, directora general de Cultura y Patrimonio Histórico del Gobierno de Cantabria, lo describe con claridad: “El arte rupestre y todo lo que tenga que ver con la prehistoria es espectacular; en eso somos los primeros del mundo”.
Fe, caminos y arquitectura viva
Cantabria también es tierra de peregrinación. El monasterio de Santo Toribio de Liébana custodia el trozo más grande de la Santa Cruz conocido en el mundo, lo que lo convierte en uno de los destinos de turismo religioso más singulares de Europa.
A este se suman las distintas rutas del Camino de Santiago y el Camino Lebaniense, que atraviesan pueblos de arquitectura tradicional y religiosa que bien podrían pertenecer a otra época.
“Alguien que va por primera vez tiene que visitar una cueva y alguna de las etapas de los caminos de peregrinación, porque ahí van a encontrar pueblos maravillosos con una arquitectura que merece mucho la pena”, señala Fernández.
Una región que cabe en una semana
Lo que hace a Cantabria especialmente atractiva para el viajero moderno es su escala.
A pesar de ser una región compacta, la variedad de experiencias que ofrece es extraordinaria: por la mañana, una cueva prehistórica; por la tarde, un paseo por el centro de Santander o un baño en alguna de sus playas.
La funcionaria destacó que Santander vivirá en los próximos años una profunda transformación con infraestructura museística de talla internacional, además de contar con más de 300 bienes de interés cultural.
La gastronomía —con el pescado fresco y los productos del Cantábrico como protagonistas— completa una oferta que, en palabras de Fernández, “lo tiene todo sin que tengas que invertir mucho tiempo en desplazamientos”.
Para el viajero mexicano que busca algo más allá del sol y la playa, Cantabria ofrece exactamente eso: una región donde el tiempo parece haberse detenido hace 35 mil años, y donde eso es, precisamente, el mayor atractivo.