“La vida es bella; tienes que estar contento de poder admirarla. Debemos estar agradecidos por estar vivos. En cualquier parte que mires hay belleza”. Estas palabras pertenecen a Alice Herz-Sommer, una mujer que, a los 108 años, seguía siendo una sobreviviente y una luminosa testigo de la grandeza del espíritu humano.
Su historia parece contradecir esa tendencia contemporánea a rendirse ante el pesimismo, la queja y la desesperanza. En un mundo donde tantas vidas han sido tocadas por la amargura, el odio, la ansiedad y la pérdida de sentido, Alice aparece como una lámpara encendida en medio de la noche. Fue capaz de transformar lo negativo en positivo, el odio en generosidad, la tristeza en alegría y la música en libertad.