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El Financiero 04 Jun, 2026 06:00

Un Mundial caótico y politizado se acerca al silbatazo inicial

El 5 de diciembre, Gianni Infantino, presidente del organismo rector del futbol mundial, otorgó a Donald Trump el Premio de la Paz de la FIFA. La organización acababa de crear el reconocimiento, que consistía en un trofeo, una medalla y un certificado que destacaba sus múltiples logros como promotor de la paz. Con la medalla puesta, el presidente de Estados Unidos apareció sonriente sobre el escenario del John F. Kennedy Center for the Performing Arts (dos semanas antes de que su nombre fuera añadido al recinto). Un mes después, Trump enviaría fuerzas especiales estadounidenses a Venezuela para capturar al presidente del país, y al mes siguiente él y el líder de Israel iniciarían una guerra con Irán.

Es difícil separar al deporte de la política, y la FIFA dejó hace mucho tiempo cualquier intento de aparentar lo contrario. Pero incluso para los estándares del organizador de la Copa del Mundo, que con frecuencia tropieza en controversias políticas y culturales, el premio de la paz resultó inusual. Después de todo, el Mundial de 2026 se perfilaba como un evento más políticamente neutral luego de que las dos ediciones anteriores, en Rusia y Qatar, enfrentaran acusaciones de corrupción en 2015 relacionadas con el proceso de selección.

EU, México y Canadá son anfitriones este año, países con los que Trump mantiene conflictos abiertos. Además, Estados Unidos sigue en guerra con Irán, cuya selección tiene programados partidos en California y Seattle. El conflicto ha elevado los precios del combustible para los aficionados que viajarán al torneo, generando más presión económica para quienes esperan poder pagar una entrada. La amenaza de una política migratoria agresiva también pesa sobre los visitantes al país, así como sobre las comunidades minoritarias que viven ahí. A esto se suma el cierre de 76 días del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), que concluyó el 30 de abril y alteró los preparativos de seguridad.

Existe un acuerdo tácito entre los países que se comprometieron a organizar un gran evento global: deben evitar enemistarse con el resto del mundo antes de que comience, afirma Nicholas Watanabe, profesor del Departamento de Gestión Deportiva y de Entretenimiento de la Universidad de Carolina del Sur. “Estamos a punto de albergar el torneo más grande del mundo y estamos peleando con múltiples naciones”, afirma Watanabe. “No es una buena imagen”.

En un inicio, los tres países preparaban candidaturas separadas para albergar el Mundial de 2026. Tras el escándalo de corrupción, que derivó en el arresto de varios funcionarios de la FIFA, el proceso de postulación se pospuso. Los tres países acordaron una tregua y presentaron una candidatura conjunta. Para cuando fue aceptada en 2018, la relación entre los vecinos norteamericanos ya se había tensado un poco, aunque seguían siendo percibidos como aliados estables.

Desde entonces, las tensiones solo han aumentado. Trump ha considerado abandonar el acuerdo comercial con Canadá y México, que él mismo renegoció durante su primer mandato, lo que podría derivar en mayores aranceles para productos norteamericanos, reportó Bloomberg News en febrero. La fecha límite para renovar el pacto es el 1 de julio, justo a la mitad del Mundial; si no se alcanza un acuerdo, entrará en un periodo de revisión anual.

Geopolítica en la cancha

Trump también ha enviado mensajes contradictorios respecto a si la selección de Irán puede jugar de manera segura sus partidos. “La Selección Nacional de Futbol de Irán es bienvenida en la Copa del Mundo, pero realmente no creo que sea apropiado que esté ahí, por su propia vida y seguridad”, publicó el presidente en Truth Social en marzo.

Irán criticó a EU en un comunicado, señalando que “carece de la capacidad para brindar protección a los equipos participantes en este evento global” y pidió a la FIFA trasladar sus partidos a México. Según el Financial Times, un enviado cercano a Trump sugirió reemplazar a Irán en el torneo por Italia, que no logró clasificar. La FIFA rechazó ambas propuestas.

A finales de abril, funcionarios del futbol iraní habrían sido rechazados al intentar ingresar a Canadá para asistir a una conferencia de la FIFA. La Ministra de Relaciones Exteriores canadiense, Anita Anand, aseguró que el rechazo fue involuntario y sugirió que las autoridades migratorias no siguieron correctamente el protocolo. “El futbol une al mundo, la FIFA une al mundo”, dijo Infantino durante la conferencia en Vancouver. “Ya hay demasiadas personas intentando dividir al mundo. Si nadie intenta unirlo, ¿qué pasará con nuestro mundo?”.

Ni Irán ni EU figuran entre los favoritos para ganar el torneo, pero si ambos superan la fase de grupos y se enfrentan en eliminación directa, podría darse un partido histórico comparable con el duelo de hockey entre EU y la Unión Soviética en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980 en Lake Placid, Nueva York, o con el tenso encuentro entre EU e Irán en el Mundial de Francia 1998, que ganó Irán.

El reto de blindar el torneo

La seguridad de un evento así podría convertirse en una pesadilla logística, agravada por las secuelas del cierre parcial del gobierno estadounidense.

Durante ese periodo –el cierre más largo en la historia de EU– funcionarios del grupo de trabajo de la Casa Blanca encargado de los preparativos del Mundial continuaron trabajando, algunos sin salario y bajo restricciones variables, según una persona familiarizada con el tema que pidió anonimato. Por la falta de financiamiento, los miembros del grupo tuvieron limitaciones para asistir a eventos en ciudades anfitrionas y, en muchos casos, no pudieron inspeccionar estadios.

La Administración Trump trabaja en estrecha coordinación con “la FIFA y todos nuestros grandes aliados federales, estatales y locales” para el Mundial, afirmó Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca. “El presidente Trump está enfocado en garantizar que esta sea no solo una experiencia increíble para aficionados y visitantes, sino también la más segura y protegida de la historia”.

El departamento trabaja contrarreloj para recuperar el tiempo perdido. La One Big Beautiful Bill Act (Ley de una gran y hermosa iniciativa) destinó 625 millones de dólares en subsidios para ciudades anfitrionas y así respaldar iniciativas sobre ciberseguridad, aumento de policías, verificación de antecedentes del personal, capacitación y otras necesidades; sin embargo, el cierre gubernamental dificultó la capacidad del departamento para procesar esas solicitudes.

Restablecer el personal federal para la seguridad aeroportuaria representa un desafío aún mayor. Más de mil 100 agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) renunciaron durante el cierre, según otra persona familiarizada con el proceso que habló bajo condición de anonimato. Mientras tanto, las autoridades estadounidenses esperan entre 5 y 7 millones de viajeros internacionales ingresando al país, el equivalente a organizar 78 Super Bowls distribuidos en 11 ciudades de EU. “La TSA no puede permitirse el lujo del tiempo”, dijo Ha Nguyen McNeill, administradora interina de la agencia, durante un testimonio ante el Congreso en marzo. “Anticipamos un incremento significativo en el volumen de pasajeros”.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) había planteado la posibilidad de desempeñar un “papel clave” en la seguridad del Mundial, generando temor sobre redadas en estadios. En marzo, Trump despidió a la secretaria del DHS, Kristi Noem, quien supervisaba al ICE. Un portavoz del DHS dijo a Bloomberg Businessweek que el ICE no tiene planes de realizar operativos masivos dirigidos a sedes o asistentes del Mundial, aunque las labores habituales de control migratorio continuarán.

La factura del torneo

Organizar un evento de esta magnitud siempre es complejo, incluso sin el drama político en Washington. Los críticos afirman que la FIFA elevó el precio de los boletos y no logró garantizar transporte accesible hacia los partidos. La FIFA ha asegurado que los precios responden al mercado y responsabilizó a New Jersey Transit por el problema tarifario. Los turistas que buscan asistir a múltiples encuentros enfrentan además el desafío de desplazarse entre estados e incluso entre países, explica David Francis, vicepresidente de estrategia de crecimiento global y asuntos gubernamentales de Jetr Global Sports + Entertainment, firma consultora especializada. “Si tienes que ir de Kansas City a Boston, eso implica varios vuelos”, dijo en Bloomberg Television. “La logística representa un desafío”.

La presión financiera tampoco deja de crecer. Canadá estima un gasto público cercano a los mil 100 millones de dólares canadienses (unos 13 mil 800 millones de pesos) para albergar sus 13 partidos del torneo, según un reporte de la Oficina Parlamentaria de Presupuesto publicado en mayo. La mayor parte de los recursos se destinará a seguridad.

El cálculo se suma a la factura pública del Mundial en Norteamérica, mientras la FIFA mantiene ingresos récord por derechos comerciales y boletos. En EU, el Gobierno aprobó 625 millones de dólares para tareas de seguridad, mientras que algunas ciudades sede podrían desembolsar hasta 200 millones adicionales para transporte, vigilancia y logística.

Sin embargo, la mayor incógnita es Trump. La Copa del Mundo representa un escenario gigantesco: ya sea mediante amenazas veladas contra jugadores iraníes, conductas poco diplomáticas hacia los coanfitriones de EU o cualquier otro episodio, es poco probable que Trump desaproveche la oportunidad de quedarse con los reflectores, afirma Jules Boykoff, autor de “Red Card: The 2026 World Cup, Sportswashing, and the FIFA Greed Machine” (Tarjeta roja: el Mundial 2026, el lavado de imagen deportivo y la máquina de codicia de la FIFA). “Trump ha dejado claro que no desperdiciará esta oportunidad, y cuenta con un cómplice: Infantino”, señala Boykoff. “Trump ha abrazado al deporte con más intensidad que cualquier presidente de EU anterior. Se ha colocado en una posición ideal para aprovechar la Copa del Mundo con fines políticos propios”.

—Con la colaboración de Vanessa Perdomo y Ari Altstedter

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