En marzo de 2026 logramos superar los 70,727 millones de dólares en exportaciones totales, el mayor registro mensual en la historia de México con 27.7% de crecimiento anual; además, las ventas internacionales de mercancías en el primer trimestre de este año superaron los 171,281 millones de dólares, también un máximo histórico para cualquier periodo similar y 19.7% por encima del mismo trimestre del 2025, según la última Balanza Comercial de Mercancías de México (BCMM).
El dinamismo de marzo puede explicarse por el avance del 43.7% en las ventas al exterior de la industria manufacturera no automotriz, especialmente equipo de cómputo y electrónicos. Esto es una buena noticia para la diversificación sectorial, pero convendría preguntarnos: ¿cuánto de ese valor generado se queda en México?
La respuesta es que menos de lo que parece, puesto que una parte significativa de nuestras exportaciones manufactureras incorpora insumos importados. Los bienes de uso intermedio crecieron 27.2% en marzo, prácticamente al mismo ritmo que las exportaciones. Cuando exportamos un producto electrónico ensamblado con componentes importados, el valor agregado que se genera internamente (como empleo, ingreso o consumo) es una fracción del valor exportado.
Las cifras récord de exportación son reales y merecen reconocimiento. Sin embargo, antes de celebrar demasiado pudiéramos preguntarnos también: ¿por qué estos récords exportadores no se están traduciendo en crecimiento económico interno?
La respuesta es: porque no lo están.
Exportamos más que nunca y crecemos menos de lo que deberíamos.
Nuestra economía apenas aumentó 0.8% el año pasado, su peor desempeño desde la contracción de 2020. En paralelo, las proyecciones económicas del Fondo Monetario Internacional para México apuntan una recuperación modesta en este año: entre 1.4% y 1.6%.
Los récords exportadores son una ventana de oportunidad y no una garantía de competitividad, por lo que considero que la sostenibilidad del superávit comercial de nuestro país dependerá de la capacidad de profundizar la diversificación de mercados y elevar el contenido nacional de las cadenas productivas.
Las exportaciones de bienes al resto del mundo crecieron 36.9% en marzo, más que las 28.2% dirigidas a Estados Unidos, señal que no debemos pasar por alto. El mercado norteamericano seguirá siendo prioritario, pero las empresas que están construyendo rutas alternativas hoy tendrán más opciones si la revisión del T-MEC introduce nuevas condiciones en julio.
Además, cada punto porcentual de insumo local que sustituye a uno importado es valor que se queda en México, tanto en empleo como en ingreso, así como en capacidad productiva. Con la revisión del T-MEC programada para julio y las exigencias de contenido regional en aumento, esto ya no es solo una decisión estratégica, sino pronto será una condición de acceso al mercado.
Cerramos marzo con el mejor dato exportador de nuestra historia y es un logro que no debe minimizarse, pero creo que el verdadero indicador de competitividad no es cuánto exportamos, sino cuánto de ese valor se convierte en verdadero crecimiento, empleo formal generado y bienestar económico interno.
Me parece que mientras esa brecha siga abierta, los récords exportadores serán titulares y no un crecimiento real para las y los empresarios en México.