El hallazgo científico más importante sobre el origen de los ajolotes en México acaba de cambiar lo que sabíamos sobre este emblemático anfibio. Un equipo de investigadores de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES Zaragoza) de la UNAM logró identificar a la especie fósil más antigua registrada en el país, a la cual bautizaron como Ambystoma quetzalcoatli. El descubrimiento demuestra que estos animales no son habitantes recientes, sino que ya vivían en el territorio mexicano desde el Plioceno, hace millones de años.
De acuerdo con la información difundida por la revista Wired a partir del artículo original en Palaeontologia Electronica, lo más sorprendente de este hito científico es que los restos no fueron desenterrados ayer. Los fósiles llevaban guardados casi tres décadas desde que fueron recolectados a principios de los años 2000 en el municipio de Atotonilco el Grande, en el estado de Hidalgo. Aunque sabían que eran salamandras, nadie los había estudiado a fondo con la tecnología adecuada hasta ahora.
Al aplicar técnicas de nueva generación, los expertos comprobaron que estaban ante una especie completamente nueva, convirtiéndola en la primera salamandra fósil descrita formalmente en México.
¿Cómo era el mundo donde vivía el Ambystoma quetzalcoatli?
Para entender la magnitud del hallazgo, hay que imaginar un México prehistórico. Hace millones de años, la región hidalguense de Atotonilco el Grande no lucía como hoy. Albergaba un enorme sistema lacustre de agua dulce que se extendía por aproximadamente 85 kilómetros cuadrados, formado probablemente por la interrupción temporal del río Amajac.
En este inmenso lago de clima templado subhúmedo, el ajolote prehistórico nadaba rodeado de un ecosistema vibrante lleno de diatomeas, caracoles, escarabajos y plantas que también dejaron su huella en la piedra. Con el paso de los milenios, el lago desapareció por completo, pero el lodo del fondo conservó los esqueletos articulados de esta nueva especie.
¿Qué descubrieron los científicos al revisar estos fósiles casi 30 años después?
Durante mucho tiempo, los ejemplares permanecieron identificados de forma preliminar en la colección del Grupo de Investigación de Paleobotánica de la FES Zaragoza. Fue el equipo encabezado por los investigadores Jorge Herrera Flores y María Patricia Velasco de León quienes decidieron reabrir el caso.
Utilizaron tomografía computarizada y escaneos tridimensionales para analizar el cráneo y el esqueleto de una docena de estos especímenes. Luego, los compararon milímetro a milímetro con 13 especies vivas de Ambystoma, incluyendo al famoso ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum).
El análisis reveló diferencias anatómicas únicas que ningún ajolote moderno posee:
- Una abertura alargada en la parte superior del cráneo.
- Una configuración palatina distinta.
- 17 vértebras troncales (un dato clave, pues los ajolotes actuales tienen 16 o menos).
El secreto de la eterna juventud lleva millones de años en México
Pese a tener una vértebra extra y cráneos distintos, el Ambystoma quetzalcoatli compartía un superpoder con sus descendientes modernos: la neotenia.
Esta es la capacidad biológica de conservar rasgos juveniles (como las branquias externas) durante toda su etapa adulta, sin completar la metamorfosis que hacen ranas o sapos. Los biólogos saben que esta adaptación surge en lagos muy estables y aislados, donde los animales no tienen necesidad de salir del agua para sobrevivir.
Lo que este descubrimiento en Hidalgo prueba es que la estrategia de la neotenia ya la usaban los ajolotes mexicanos hace millones de años.
¿Qué significa este hallazgo para el futuro de la ciencia?
Descubrir al ajolote más antiguo de México es mucho más que ponerle nombre a unos huesos. La propia UNAM destacó que este hallazgo refuerza una idea poderosa: la biodiversidad que hoy vemos en el país tiene raíces profundísimas ancladas en ecosistemas que desaparecieron hace una eternidad.
Mientras la medicina regenerativa moderna estudia a los ajolotes para entender cómo reconstruyen sus extremidades cortadas —un misterio genético en el que el animal destruye y crea células a voluntad—, el descubrimiento del Ambystoma quetzalcoatli nos recuerda que el linaje de este asombroso anfibio es uno de los tesoros evolutivos más antiguos y resistentes que alberga México. Y lo más fascinante: la prueba estuvo guardada en un cajón durante casi tres décadas.