El 30 de noviembre 1934 asumió la presidencia el general Lázaro Cárdenas, en aquellos días se popularizó una broma que realzaba la tutela de Plutarco Elías Calles, se comentaba con sorna que Lázaro Cárdenas tuvo que acudir a un kiosco de periódicos para enterarse quienes eran los titulares de su gabinete.
La reaparición de López Obrador provoca un efecto similar: Innumerables chistes y el cuestionamiento a la Presidenta por su subordinación, se pretende ocultar con esta aparición la decadencia institucional endosando la responsabilidad del desencanto social a agentes extranjeros, enemigos ocultos y en la desvencijada retórica morenista a la ultra derecha.
Señalan que el regreso se debe al miedo, otros comentan que es un atrevimiento consentido por una Presidenta que no encuentra la salida acudiendo a la distracción urgente, dos razonamientos peligrosos para esta administración.
El tabasqueño nunca fue original en sus posturas, su trayectoria está plagada de los lugares comunes de la izquierda latinoamericana más retardataria, de expresiones vulgares derivadas de un vacío intelectual.
Hay algo más ordinario en este regreso, imitar las peroratas llamadas “Reflexiones del Comandante” emulando a Fidel Castro, quien escribía larguísimos desvaríos condenando la injusticia mundial mientras sometía a la isla y a sus ciudadanos y abonando a su megalomanía, se organizaba mesas redondas y soporíferos programas de televisión para ensalzar aquellos descomunales textos rebosantes de una insufrible demagogia.
La reaparición fue fallida, la Presidenta intentó ponderar la acción explicando con un lenguaje gestual desorbitado la oportunidad de debatir los problemas nacionales gracias a la confundida prosa del texto. La comicidad involuntaria en política es un veneno letal.
El País arde, el gabinete está conformado por pusilánimes de los que nadie se acuerda, el entorno nacional se enrarece ante las protestas magisteriales, la ruinosa caída económica aunada a la interminable debacle sanitaria, sumándose un nuevo frente, la confrontación con la justicia norteamericana, conflictos auto provocados.
En junio de 1935 las declaraciones del Jefe Máximo lograron un efecto inmediato, el 14 de junio Cárdenas manifestó un esfuerzo de conciliación ante las pugnas obrero-patronales, preludio de lo que vendría.
El 15 de junio Cárdenas pidió la renuncia de todo el gabinete que le había consentido a Calles, no obstante, en sus apuntes personales de diciembre de 1935 escribió:
“No debe expatriarse al general Calles y menos en el actual momento, ya que el propio general Calles y su grupo no son problema para el Gobierno, ni para las organizaciones de trabajadores; deben permanecer dentro del territorio nacional para que aquí mismo sientan el peso de su responsabilidad”. (Carlos Martínez Assad: Lázaro Cárdenas: Modelo y Legado, tomo I. Autores Varios, Inehrm).
Para abril de 1936 aquellas líneas quedaron para la historia, Plutarco Elías Calles fue desterrado el 10 de abril. El Maximato terminó.
Cárdenas entendió el valor del mando único, comprendió que no podía estar supeditado a los humores de un tutor, que la Revolución era un hecho consumado y lo más importante, México necesitaba un Presidente no un títere.
“Porque los tiranos no se crean de la noche a la mañana. Se van haciendo a sí mismos poco a poco, yendo a diario un poco más lejos, probando nuestro aguante, tensando un poco más la cuerda para ver hasta dónde pueden llegar antes de que nos rompamos”. (Margaryta Yakovenko: Ocupación.2026).
Los autócratas no nacen se crean, a López Obrador se le permitió todo y esa actitud nos tiene en el riesgo de perder al País.
La Presidenta debe de asumir su responsabilidad con México, abandonar el papel de marioneta de una camarilla.
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Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.