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Radar Inteligente
El Economista 07 Jun, 2026 21:01

Trump en el Azteca

Mark Carney, Donald Trump y Claudia Sheinbaum se sientan alrededor de la mesa que la FIFA preparó para la degustación de un menú especial a pocos metros del palco presidencial del Estadio Azteca.

Jueves 11 de junio. Una hora antes de que inicie el partido y 55 minutos antes de la inauguración oficial, donde Carney, Trump y Sheinbaum tendrán cada uno 30 segundos para dirigir algunas palabras, los tres recuerdan la importancia que jugaron Gianni Infantino, Marco Rubio, Anita Anand y Roberto Velasco para concretar lo que pareció ser una reunión natural motivada por la organización conjunta del Mundial FIFA 2026.

No es el momento de hablar de migración, aranceles o terrorismo. Es el momento del uso del poder blando para fortalecer la alianza de América del Norte a través del balón. ¿Alguien recuerda la Cumbre de América del Norte? Los tres han decidido relanzar la Cumbre de los Tres Amigos.

Trump reconoce que gracias a Barack Obama la imagen de la FIFA recibió su merecido luego de la compra de votos por parte de rusos y cataríes para organizar sus respectivos mundiales en 2018 y 2022, respectivamente.

Carney y Sheinbaum agradecen a Trump la integración de Canadá y México a la Alianza de América del Norte ante la FIFA para organizar este Mundial.

El escenario imaginario anterior tendría que ocurrir el jueves, pero hoy es utópico. Es muy probable que al primer ministro de Canadá le hubiera gustado viajar a México y también haberlos recibido, a Trump y a Sheinbaum, un día después en Toronto.

La presidenta mexicana quiere montar una verbena mundialista gratuita desde el zócalo generando empatía con el segmento popular y siguiendo lo que los “genios” de la mercadotecnia de AMLO llamarían “narrativa”. La narrativa es más importante que la realidad, nos dirían.

La presidenta tampoco quisiera revivir lo que sintió Miguel de la Madrid en la inauguración del Mundial 86: abucheos que parecían interminables. Otro factor a considerar en el legado de AMLO es: no hay que gobernar para todos. La división es la fuente del rating y del odio. Al Azteca acudirá una demografía con elevado poder adquisitivo, un segmento no prioritario por los gobiernos de la Cuarta Transformación. La narrativa de los fifís.

La política exterior mexicana es dogmática y no de Estado. México perdió a Ecuador y a Perú; hizo “pausas diplomáticas” con España y con Estados Unidos (a través del embajador Ken Salazar) y no mantiene diálogo político con Argentina, El Salvador y Bolivia, entre otros.

El Gobierno de México perderá la oportunidad de catapultar acciones de política exterior durante el Mundial por su visión etnocentrista de las relaciones internacionales.

La relación con Estados Unidos quedó en “pausa” desde el 29 de abril, fecha en la que vieron luz pública las 10 extradiciones solicitadas por el Departamento de Justicia estadounidense a la Secretaría de Relaciones Exteriores: la respuesta de esta, de manera inmediata fue “sin pruebas”.

En la llamada “defensa de la soberanía” todo es permitido para realizar una especie de apagón: se cierran de facto las fronteras diplomáticas y mediáticas para evitar “actos injerencistas” y se suspende la aplicación de la ley por así convenir a las autoridades. Bajo estas condiciones el Gobierno mexicano daría luz verde a las relaciones entre políticos con el crimen organizado.

Es la “narrativa”, nos dirían los genios.

El proceso de descomposición en la relación bilateral México-Estados Unidos ha sido súbito desde el 29 de abril. ¿Quién o quiénes lo revertirán?

Sin diplomacia quedará la versión cursi del Mundial: la ola más grande del mundo y la competencia entre un ajolote contra un jaguar.

El diseño de una estrategia global de poder blando de Palacio Nacional  tuvo que haber sido delegado a la SRE, en la Unidad de Alfonso Zegbe. Al parecer, no se hizo.

Otra oportunidad perdida.

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