Las calles de Herat, una de las ciudades más importantes del oeste de Afganistán, han sido escenario de una protesta excepcional en un país donde la disidencia pública se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Decenas de hombres y mujeres desafiaron esta semana al régimen talibán para exigir la liberación de varias afganas detenidas por supuestamente incumplir el estricto código de vestimenta impuesto por las autoridades.
La respuesta de las fuerzas de seguridad fue inmediata y contundente: disparos, golpes con palos y porras eléctricas, detenciones y un amplio despliegue destinado a sofocar cualquier muestra de contestación.
Lo ocurrido en Herat representa mucho más que una protesta puntual. Refleja el creciente malestar generado por el endurecimiento de las restricciones contra las mujeres afganas y muestra que, pese al clima de miedo instaurado desde agosto de 2021, todavía existen sectores de la sociedad dispuestos a desafiar públicamente las decisiones del Gobierno de facto talibán.
La movilización tuvo su origen en una campaña impulsada durante los últimos días por el Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, organismo encargado de vigilar el cumplimiento de las normas morales impuestas por los talibanes. Según medios independientes afganos y organizaciones de derechos humanos, decenas de mujeres fueron arrestadas en Herat acusadas de llevar un “hiyab inadecuado”, utilizar maquillaje o no ajustarse a las exigencias cada vez más estrictas sobre la vestimenta femenina.
Las cifras varían según las fuentes. Algunos medios hablan de unas 30 mujeres detenidas, mientras que las organizaciones como Femena sostienen que el número podría superar las 48. Lo relevante es que las detenciones se produjeron en una provincia donde tradicionalmente muchas mujeres utilizaban el denominado manteau, una prenda amplia acompañada de velo que cubre cabello y cuello, pero que ahora parece insuficiente para las nuevas autoridades locales, que estarían impulsando de facto el uso generalizado del burka.
Las fuentes hospitalarias independientes y agencias como AFP y la cadena BBC han confirmado la muerte de dos manifestantes por heridas de bala. Los medios afganos independientes en el exilio, como 8am Media, advierten de que la cifra real podría ser mayor porque muchas familias han trasladado a los heridos en secreto a clínicas privadas por temor a las represalias de las autoridades locales.
La indignación acumulada desembocó en una protesta que reunió a decenas de personas en la zona de Jibrail. Los manifestantes coreaban consignas como “Educación, Trabajo, Libertad” y “Pan, trabajo y libertad”, lemas que evocan algunas de las reivindicaciones históricas del movimiento femenino afgano desde la llegada de los talibanes al poder.
Uno de los participantes explicó que el objetivo era transmitir un mensaje sencillo: la exigencia de liberar a las mujeres detenidas y denunciar que no existe justificación para encarcelarlas por cuestiones relacionadas con su forma de vestir. Sin embargo, según los testimonios recogidos por diversos medios, la protesta fue rápidamente dispersada a tiros por las fuerzas de seguridad.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran escenas especialmente duras. En algunos vídeos se observa a los agentes golpeando a manifestantes caídos en el suelo. Otros muestran a personas huyendo por callejones mientras se escuchan varios disparos. Diversos testigos aseguraron que los talibanes utilizaron armas de fuego, además de porras y látigos, para disolver la concentración.
Las autoridades talibanas han reconocido que intervinieron contra los participantes, aunque ofrecen una versión diferente de los hechos. El portavoz de la policía de Herat afirmó que las fuerzas de seguridad actuaron contra un grupo de “alborotadores” reunidos “con el pretexto de protestar por cuestiones relacionadas con el uso del hiyab y en contra del hiyab islámico, que es una obligación divina”. No obstante, evitó pronunciarse sobre las acusaciones relativas al uso de fuego real contra los manifestantes.
La dimensión de la protesta puede parecer modesta en términos numéricos, pero adquiere una relevancia extraordinaria dentro del contexto afgano. Desde la vuelta de los talibanes al poder, las manifestaciones prácticamente han desaparecido debido a la represión sistemática. Las detenciones arbitrarias, las amenazas y el uso de la fuerza han reducido drásticamente la capacidad de movilización de la población.
Taliban opens fire on civilians protesting morality police in Herat, Afghanistan
— Visegrád 24 (@visegrad24) June 9, 2026
Residents of Herat took to the streets to protest the Taliban’s brutal “morality police” and their aggressive enforcement of the mandatory burqa and chador dress code for women and girls.
In… pic.twitter.com/iQoORNKEFL
Precisamente por ello, que decenas de personas decidieran salir a la calle constituye un hecho significativo. La protesta rompe varios años de silencio forzado y demuestra que el endurecimiento de las políticas sobre las mujeres está generando tensiones intolerables a pesar de que expresar oposición puede tener consecuencias graves.
La reacción internacional no tardó en llegar. El relator especial de Naciones Unidas para Afganistán, Richard Bennett, se declaró “profundamente alarmado” por el uso excesivo de la fuerza contra una movilización que describió como aparentemente pacífica. También exigió el fin de la violencia contra mujeres y niñas.
El episodio se produce además en un momento especialmente delicado para la situación femenina en Afganistán. Durante los últimos años, los talibanes han prohibido la educación secundaria y universitaria para las mujeres, han restringido severamente su acceso al empleo y han limitado su presencia en espacios públicos. A estas medidas se han sumado recientemente nuevas campañas de control sobre la vestimenta y el comportamiento cotidiano.
Según responsables de Naciones Unidas, en Herat también se han cerrado varios espacios destinados al apoyo de mujeres y niñas, además de suspenderse los programas relacionados con la formación y actividades económicas. Todo ello ha contribuido a aumentar la sensación de aislamiento y exclusión que denuncian numerosas organizaciones internacionales.
La represión de la protesta de Herat no parece haber cerrado completamente el episodio. Algunas participantes han asegurado que el movimiento continuará y que las reivindicaciones siguen vigentes. Aunque resulta difícil prever nuevas movilizaciones en un contexto tan restrictivo, lo ocurrido evidencia que la creciente presión sobre las mujeres afganas está generando respuestas que el régimen talibán ya no puede ignorar completamente. @mundiario