En el Mundial de 1986, la Selección Mexicana llegó al torneo con 22 jugadores. Al frente estaba Bora Milutinovi?, acompañado por un pequeño grupo de auxiliares, un preparador físico, un médico, algunos masajistas y utileros. Todo el equipo de apoyo podía caber alrededor de una mesa.
Cuarenta años después, rumbo al Mundial de 2026, Javier Aguirre contará con 26 futbolistas; pero una organización completamente distinta. Al cuerpo técnico tradicional se han sumado analistas de video, especialistas en rendimiento, científicos de datos, expertos en balón parado, nutriólogos, psicólogos deportivos, especialistas en recuperación, personal de monitoreo GPS, liderazgo y coaching dedicados a convertir cada movimiento dentro de la cancha en información útil.
Durante décadas, otros deportes como el básquetbol, béisbol o el fútbol americano lideraron el uso de estadísticas avanzadas para tomar decisiones. El fútbol fue relativamente lento en adoptar esta revolución. Hoy, sin embargo, la industria parece decidida a medir absolutamente todo. Desde Adam Smith sabemos que la especialización del trabajo aumenta la productividad, y eso es exactamente lo que está ocurriendo dentro de los equipos de fútbol de élite.
En el mundial del 86, un preparador físico realizaba prácticamente todas las funciones relacionadas con el acondicionamiento de los jugadores. Hoy existen especialistas en fuerza, potencia, recuperación, prevención de lesiones y monitoreo de cargas de entrenamiento. Lo mismo ocurre en el análisis táctico.
Antes un auxiliar observaba partidos y tomaba notas, hoy encontramos analistas de rival, analistas de rendimiento, científicos de datos y entrenadores dedicados a situaciones específicas del juego.
La tecnología actual permite registrar millones de datos durante un solo partido. La Liga reporta que sus sistemas de tracking óptico generan más de 3.5 millones de datos por encuentro mediante redes de cámaras capaces de seguir cada detalle del partido. Si esa capacidad de medición se extrapola a este Mundial, que contará con un récord de 104 partidos, el torneo podría generar cerca de 364 millones de registros. Incluso el balón oficial, el Trionda, incorpora un sensor de movimiento capaz de capturar registros. Incluso el balón oficial, el Trionda, incorpora un sensor de movimiento capaz de capturar información 500 veces por segundo y transmitirla en tiempo real para apoyar decisiones del VAR.
Esta evolución en el fútbol ha creado al menos cinco grandes áreas de especialización. La primera es la técnica, integrada por entrenadores, auxiliares y especialistas tácticos. La segunda es la física, donde participan preparadores físicos y científicos del deporte. La tercera es la médica, conformada por médicos, fisioterapeutas, nutriólogos y especialistas en rehabilitación. La cuarta es la relacionada con la salud mental y la recuperación. Y una quinta área tecnológica dedicada al análisis de datos, video y modelos predictivos. Esto sin contar que fuera de la cancha, la industria también ha generado nuevas ocupaciones en comunicación, producción audiovisual y entretenimiento digital que amplían aún más el ecosistema económico del fútbol.
Joseph Schumpeter llamó destrucción creativa al proceso mediante el cual la innovación transforma industrias enteras, eliminando viejas formas de producir y creando nuevas actividades económicas. El fútbol moderno se encuentra en su etapa de destrucción creativa. Los veintidós jugadores seguirán siendo los protagonistas dentro de la cancha.
Sin embargo, detrás de cada pase, cada sustitución y cada gol habrá un ejército de analistas, matemáticos, ingenieros, economistas y médicos tomando decisiones basadas en datos. El balón ya no solo se patea; también produce datos que dan una ventaja decisiones basadas en datos. El balón ya no solo se patea; también produce datos que dan una ventaja competitiva al equipo que mejor lo interprete.
Mauricio Escalera Franco, Economista senior de BBVA México