No. No crea que el ex presidente López sufra de un padecimiento neurodegenerativo crónico que afectó a su sistema nervioso. No, el solitario habitante de “La Chingada” no fue diagnosticado de Parkinson en el hospital que mandó construir a unos pasos de su finca. Su temblor tampoco se debe al bullicio generado por el Tren Maya, cuya estación también se encuentra a escasos metros de la residencia compartida con gallinas y pavorreales. Tampoco se debe al escandaloso tumulto de estudiantes que diariamente acuden al campus del IPN y que no le permiten siquiera digerir los tamales de chipilín que tanto disfruta.
La temblorina se ha apoderado de Andrés Manuel y tampoco se debe a los extraños ruidos del cuartel de la Policía Militar que cuida el humilde ranchito del chairo mayor y, de pasada, a los habitantes de Palenque. Sus espasmos comenzaron desde los lejanos días en que el “Mayo” Zambada fue secuestrado y entregado contra su voluntad a las autoridades estadounidenses.