MIAMI- La lucha por la justicia y el temor a que ocurra una tragedia similar ante un “clima de odio” persisten al cumplirse este viernes 10 años del mayor tiroteo contra latinos LGBTI en Estados Unidos, que dejó 49 muertos en la discoteca Pulse en Orlando (Florida), según cuentan sobrevivientes a EFE.
Jorshua Hernández, ahora de 32 años, aún tiene una bala en su cuerpo tras el crimen en la fiesta latina en Pulse, club para la diversidad sexual, donde Omar Mateen, guardia identificado como militante del Estado Islámico (EI) abatido por la policía, cometió la masacre, que dejó también más de 50 heridos.