La captura y liberación de Mónica del Rosario Zambada, hija de Ismael “El Mayo” Zambada, que por cuatro décadas fue el jefe del Cártel de Sinaloa, no fue un evento más. Fuentes de inteligencia lo caracterizaron como el momento más delicado que ha enfrentado el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum: comenzó con un desencuentro en el gabinete de seguridad, el cual pudo resolverse con información que fue llegando casi en tiempo real, al advertir que se trataba de una trampa que, de haberse mantenido su detención, podría haber causado la muerte de un número elevado, no cuantificado, de gente inocente.
La señora Zambada no fue detenida el jueves, como se informó, sino el miércoles en Álamo, perteneciente a la sindicatura de El Salado, que había sido santuario de la familia por largo tiempo. No trascendió porque, intramuros, había un fuerte desacuerdo sobre qué hacer con ella. Las fuerzas especiales de la Marina realizaron el operativo, presuntamente con el propósito de capturar a su esposo, Marco Antonio Zazueta Osuna, “El Zazuetón”, pero en la acción detuvieron a su esposa, que estaba con él, y aparentemente a un menor.