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El Economista 17 Jun, 2026 07:05

Síndrome del impostor: el enemigo silencioso de los líderes exitosos

El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico caracterizado por la dificultad para reconocer los logros propios y capacidades. Esta sensación también afecta a ejecutivos e incluso a la Alta Dirección, influyendo en la toma de decisiones y el desempeño laboral.

En este sentido, alrededor del 70% de la población ha experimentado el síndrome del impostor, de acuerdo con el International Journal of Behavioral Science. Por lo tanto, el fenómeno puede presentarse independientemente del cargo o la trayectoria profesional.

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Liderazgo y presión por el desempeño 

Aunque las causas varían, en el caso de los líderes, puede deberse a la autopercepción de su rol y cumplir con las expectativas que se plantean, ocasionando ansiedad, presión e incluso depresión.

Es decir, en algunos casos, hay jefes que subieron de puesto en entornos con altos niveles de exigencia, por lo que suelen interpretar cualquier error como un fracaso personal.

El síndrome del impostor no aparece por una falta de éxito, sino por un exceso de exigencia. Algunos construyeron su carrera desde la autoexigencia y dependen de demostrar resultados extraordinarios”, comenta David Pons, fundador de Neolíderes.

Por otra parte, las organizaciones con entornos laborales tóxicos también fomentan el síndrome del impostor, debido a que se presenta la competencia poco saludable en la que los colaboradores buscan demostrar quién obtiene mejores resultados.

Este tipo de creencias suele crear presión constante para evitar errores y cumplir expectativas insostenibles. “Muchos directivos y ejecutivos piensan que tienen que ser perfectos, no equivocarse y eso genera altas expectativas”, expresa Juan Carlos Ramírez, consultor en Ramírez y Asociados.

Señales del síndrome del impostor 

En los entornos laborales y con la gestión de equipos, algunas de las señales del síndrome del impostor pueden reflejarse en dificultades para tomar decisiones, asumir riesgos o impulsar nuevas iniciativas.

Una de las señales más notorias es cuando les cuesta trabajo tomar decisiones y empiezan a posponerlas”, comenta Juan Carlos Ramírez.

Otra señal es el temor a arriesgarse e intentar cosas nuevas, ya que en caso de fracaso, incrementa la culpa y la sensación de señalamiento y exposición en la organización; sin embargo, esto también afecta a su equipo, ya que evita la autonomía y el aprendizaje por medio de los errores.

“Viven como si estuvieran en una prueba a la que tienen que pasar y hacen una expectativa autocreada”, comenta David Pons.

Los especialistas mencionan que la señal que es más recurrente es cuando se minimizan sus éxitos a pesar de contar con logros profesionales y personales. Las personas que padecen el síndrome asumen que todo fue gracias a la casualidad o suerte.

¿Cómo evitarlo?

El síndrome del impostor provoca autosabotaje e impide el crecimiento profesional y personal. Para evitarlo, es recomendable desarrollar hábitos que ayuden a fortalecer la autoconfianza.

Tener un registro de los logros diarios es una forma de reconocer que se cumplieron metas o asuntos pendientes. Esta actividad genera un efecto de reconocimiento y realización.

Por otra parte, Juan Carlos Ramírez puntualiza en cambiar la forma en la que uno se refiere, es decir, la forma en la que hablamos también impacta en la autoestima. “Hay que cambiar la palabra ´tengo que´ por ´quiero que´”.

Por ejemplo, en vez de decir, “tengo que hablar en público” cambiarla por “quiero hablar en público”. Esto genera más seguridad en la forma de expresarse y actuar.

Estos pequeños cambios pueden contribuir a fortalecer la autoconfianza y reducir la sensación insuficiencia que caracteriza al síndrome del impostor.

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