Carlos Alvarado-Quesada y Mokgweetsi Masisi, Project Syndicate.
SAN JOSÉ/GABORONE- El año pasado, en la primera reunión del Foro de Berlín sobre Movilidad Climática, líderes de países vulnerables de África, el sur de Asia, el Pacífico, el Caribe y otras regiones llamaron la atención sobre una realidad urgente pero a menudo ignorada: el cambio climático no es sólo una amenaza para el planeta, sino también para los hogares de la gente. La creciente intensidad de sus efectos obliga a las comunidades más expuestas a tomar decisiones cada vez más difíciles. A pesar de los riesgos en aumento, algunas personas permanecen en sus lugares para preservar sus tradiciones culturales y medios de vida; pero otras sienten que no les queda otra opción que abandonar sus hogares, y se han dado casos de comunidades enteras desplazadas.
Está claro que este problema no admite solución en el nivel individual. En el Foro hubo un amplio consenso en que los gobiernos deben destinar recursos a las necesidades más urgentes y ayudar a las comunidades a planificar medidas de adaptación. Pero un año después, en vísperas de la segunda reunión del Foro que tendrá lugar los días 18 y 19 de junio, los marcos de políticas globales y nacionales todavía son inadecuados y fragmentarios.
Cuando desastres repentinos (tormentas, inundaciones, incendios forestales, etc.) provocan desplazamiento de personas, los programas nacionales de respuesta a emergencias se encargan de brindar ayuda y asistencia, con mayor o menor éxito. Pero superada la fase de emergencia, los desplazados pueden verse en la imposibilidad de reconstruir o regresar a sus hogares, y eso demanda soluciones a largo plazo. Aunque la mayoría de las personas desplazadas por el clima no cruzan fronteras, quienes sí lo hacen enfrentan un reto adicional: por lo general no encajan en la definición de refugiados según el derecho internacional, lo que los deja en un limbo jurídico que dificulta su protección.
La situación se complica allí donde el cambio climático genera un deterioro gradual de las condiciones de vida. Aunque el desplazamiento climático es una cuestión de necesidad y no de elección, todavía hay muy pocos mecanismos formales para dar asistencia a quienes migran del campo a la ciudad o un estatus legal a quienes lo hacen al extranjero. Y los que se quedan en las zonas afectadas se exponen a hundirse más en la pobreza y tornarse más vulnerables. Las negociaciones sobre el clima, los pactos migratorios y los marcos de reducción del riesgo de desastres son parte de la solución, pero no ofrecen una respuesta integral, ya que son iniciativas compartimentalizadas y reactivas; esto deja a las comunidades mal preparadas para los riesgos climáticos.
Es urgente adoptar otro enfoque. Un primer paso crucial es hallar un vocabulario compartido para esta realidad compleja y profundamente humana. El concepto de «movilidad climática» abarca con precisión los diferentes tipos de movimiento (desplazamiento forzoso, migración y reubicación planificada, así como el riesgo de inmovilidad) motivados por los efectos adversos de desastres climáticos repentinos o de evolución lenta, que pueden afectar a un único país o a varios.
Lo siguiente es diseñar un curso de acción adecuado, objetivo al que apuntan los Principios Globales sobre Movilidad Climática que se presentarán para su aprobación en la reunión del Foro de este mes.
Estos principios voluntarios y no vinculantes están diseñados para complementar y consolidar el derecho internacional y los compromisos gubernamentales vigentes, entre ellos el Acuerdo de París, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, el Pacto Mundial sobre Migración y la Agenda de Protección de la Iniciativa Nansen. Sobre todo, ofrecen objetivos compartidos (la defensa de la capacidad de acción de las personas y de los derechos humanos, así como la adecuación de las medidas de adaptación a las realidades locales) que pueden servir como un eje unificador para los diversos sectores y partes interesadas.
Los principios incluyen la protección del derecho de las personas a permanecer en sus lugares de origen (mediante la acción climática y medidas de adaptación con liderazgo local) y la provisión de vías seguras, legales y dignas para quienes deban o elijan desplazarse. En un nivel más general, apuntan a garantizar la creación de marcos jurídicos para las personas desplazadas por el clima; preservar la soberanía de los países amenazados por la subida de los mares; salvaguardar el patrimonio cultural; y brindar a las comunidades más expuestas información climática, sistemas de alerta temprana y financiación. Es el marco coherente que le estaba faltando a la respuesta internacional.
Contra la idea imperante de que la competencia geopolítica redujo el margen para la cooperación internacional, estos principios están recibiendo cada vez más apoyo. Coaliciones voluntarias de países, ciudades, organizaciones civiles, grupos indígenas, empresas privadas y comunidades afectadas son la prueba de que es posible forjar un nuevo multilateralismo. Aunque algunos gobiernos se retiran de los compromisos globales, está surgiendo un consenso en torno a la importancia de centrarse en las personas y en los datos para lograr resultados tangibles en la lucha contra el cambio climático.
La aprobación es sólo el primer paso, luego viene la implementación. El segundo Foro de Berlín sobre Movilidad Climática busca iniciar un amplio proceso multisectorial que ponga en práctica estos principios. El objetivo es establecer coaliciones comprometidas que incluyan a comunidades afectadas, gobiernos promotores, organizaciones regionales, el sistema de las Naciones Unidas, instituciones financieras y expertos, con la mirada puesta en presentar una hoja de ruta comunitaria para la transición antes de junio de 2027.
El cambio climático ya está desarraigando comunidades y empobreciendo a quienes permanecen en zonas vulnerables. Pero si actuamos con visión de futuro y solidaridad, lograremos que los desplazados conserven sus derechos y que los que se queden lo hagan con dignidad. Los Principios Globales sobre Movilidad Climática muestran un camino en dirección a ese futuro; nuestro deber es elegir seguirlo. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Carlos Alvarado-Quesada fue presidente de Costa Rica. Mokgweetsi Masisi fue presidente de Botsuana.