El Paso— Los exoesqueletos portátiles pueden ayudar a reducir el esfuerzo físico en el trabajo y proteger a los empleados de lesiones, pero esta tecnología aún no se ha generalizado. Un nuevo estudio publicado en PLOS One por ingenieros de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) podría explicar el motivo: la tecnología sigue siendo demasiado compleja y engorrosa para el uso diario.
Los colaboradores de la investigación son las estudiantes de UTEP Alejandra Martínez Fernández y Laura Tovar, y la profesora asociada Priyadarshini Pennathur, Ph.D.
Pennathur es profesora asociada del Departamento de Ingeniería Industrial, de Manufactura y de Sistemas, y dirige un laboratorio de UTEP centrado en el rendimiento y el comportamiento humanos. Uno de sus objetivos es ayudar a los trabajadores de sectores con alto esfuerzo físico, como la salud, la manufactura y la construcción.
El estudio evaluó cuatro sistemas de exoesqueletos ocupacionales disponibles en el mercado —Ironhand, Chairless Chair, Skelex y Laevo— y analizó el tiempo que tardaban los participantes en ensamblar, colocar, quitar y desarmar cada dispositivo. El equipo de UTEP también analizó la cantidad de pasos del procedimiento, el número de piezas involucradas y los problemas de usabilidad que los usuarios encontraron durante la configuración.
Entre 40 y más de 100 pasos para configurar
Descubrieron que el dispositivo más simple requería 39 pasos para su configuración, mientras que el más complejo requería 110. Cada paso adicional aumentaba el tiempo de finalización —con tiempos de ensamblaje que oscilaban entre seis minutos y medio y 25 minutos—, mientras que los problemas de usabilidad ralentizaban aún más el rendimiento, con tasas de falla de hasta el 49% para un dispositivo.
“Un dispositivo que es útil desde el punto de vista biomecánico es inútil si se tarda media hora en ensamblarlo o se necesita una segunda persona para colocarlo”, dijo Pennathur.
El estudio se realizó en un laboratorio con estudiantes de ingeniería como participantes y con tiempo suficiente.
“El siguiente paso lógico es probar estos dispositivos en condiciones reales: trabajadores reales, presión de tiempo, entornos ajetreados y uso repetido durante una jornada laboral completa, donde el tiempo de configuración realmente comienza a generar costos”, dijo Jessica Sanchez-Balandran, coautora principal del estudio.
Con miras a la próxima generación
El equipo espera que sus hallazgos guíen el diseño de la próxima generación de exoesqueletos para los fabricantes que buscan llevar esta tecnología del laboratorio de investigación al entorno laboral. Incluso si un exoesqueleto reduce eficazmente el esfuerzo físico, los trabajadores pueden mostrarse reacios a usarlo si su configuración es lenta, confusa o propensa a errores, señalaron. En consecuencia, la facilidad de uso representa una barrera crítica para su adopción en el lugar de trabajo.
Pennathur afirmó: “Nuestro mensaje a los diseñadores es el siguiente: reduzcan el número de pasos, eliminen la necesidad de herramientas especiales y mediciones corporales, incorporen conexiones autoalineables y proporcionen una retroalimentación clara de ‘lo hicieron bien’, y asegúrense de que una sola persona pueda realizar todo el proceso”.
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