El estreno mundialista de Inglaterra no se entendía sin el foco sobre Harry Kane. El delantero no solo firmó un doblete en el 4-2 ante Croacia, sino que volvió a funcionar como el eje emocional y táctico del equipo. Marcó de penalti —tras una acción revisada por el VAR que obligó a repetir el lanzamiento— y remató de cabeza un saque de esquina en un momento clave, justo cuando Croacia había logrado igualar por segunda vez.
Más allá de los goles, su impacto fue estructural. Kane bajó a zonas de creación para conectar el centro del campo con la delantera, actuando como referencia en un equipo que alterna fases de dominio con tramos de desconexión.
Su liderazgo competitivo volvió a ser evidente en acciones defensivas, incluso en los últimos minutos, cuando bloqueó una ocasión clara que pudo reabrir el partido. El mensaje es claro: su influencia va mucho más allá del área.
Croacia resiste, pero evidencia el final de un ciclo
El encuentro también dejó una lectura incómoda para Croacia. El equipo balcánico volvió a mostrar su tradicional capacidad de resistencia, empatando el choque en dos ocasiones y manteniendo la tensión hasta bien entrada la segunda parte. Sin embargo, la sensación de desgaste es cada vez más evidente.
Luka Modri?, en su quinto Mundial, volvió a ser el termómetro del equipo, pero con menos capacidad para sostener el ritmo en transiciones largas. La estructura croata sufre cuando el partido se acelera, y ahí Inglaterra encontró espacios decisivos. El contraste físico y la menor frescura en defensa acabaron inclinando la balanza.
A pesar de ello, Croacia no pierde su identidad competitiva. Su capacidad para aprovechar errores y resistir fases de dominio rival sigue siendo una seña de identidad, pero el choque ante Inglaterra evidenció que el margen frente a selecciones más jóvenes y potentes se ha reducido.
Inglaterra, entre el potencial y la exigencia del gran favorito
El equipo dirigido por Thomas Tuchel ofreció una versión dual: dominante en ataque, pero irregular en el control del juego. Inglaterra alternó fases de presión alta con momentos de desconexión que permitieron a Croacia mantenerse viva durante gran parte del encuentro.
Jude Bellingham fue uno de los acompañantes más activos de Kane, aportando llegada y desequilibrio entre líneas. Sin embargo, el equipo todavía transmite la sensación de estar en construcción pese a su enorme talento ofensivo.
El 4-2 final deja un mensaje potente para el resto del torneo: Inglaterra tiene capacidad de gol, profundidad de banquillo y un referente absoluto en Kane. Pero también deja una advertencia interna. Ante rivales de mayor solidez táctica, esos tramos de desconexión pueden convertirse en un problema estructural.
El Mundial 2026 arranca así con una Inglaterra poderosa, pero no perfecta. Y con un nombre que, una vez más, vuelve a situarse en el centro de todo: Harry Kane. @mundiario