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Mundiario 06 Oct, 2026 19:13 (3 min de lectura)
Observatorio Neutral

Cambalache problemático y febril…

PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Comparación entre magnicidios en EE.UU. y España
• Reflexión sobre la democracia como profesión de riesgo

Yo tenía 13 años cuando el Presidente John F. Kennedy perdió la vida en Dallas, ese país en el que ya habían perdido sus vidas tres antecesores suyos, Lincoln, Garfield y McKinley, en actos de servicio a la democracia, o sea, eso que, en España, entonces, pertenecía al arriesgado vocabulario en la clandestinidad. Y todavía fui creciendo unos años más convencido de que, dirigir un pueblo, al otro lado del charco, debería ser considerada una profesión de riesgo. De hecho, hasta 2005, todavía salieron vivos de milagro algún que otro presidente o presidenciable en ese lado del Atlántico en el que, tradicionalmente, se dirimían los desacuerdos apretando el gatillo para averiguar quién sobraba en ese pueblo.

Luego fue uno enterándose de que aquí, en España, tampoco habíamos sido precisamente mancos en eso de apretar el gatillo, oye. Que teníamos un buen álbum de cromos de magnicidas que no tenían nada que envidiar a los Oswald y todo tipo de lobos solitarios made in USA. Repasabas la lista de caídos: Prim, Cánovas, Canalejas, Dato, Carrero y resto de malas intenciones fallidas y llegabas a la conclusión de que, en todas partes, en todo el mapamundi, se habían cocido habas.

Pero lejos de mí la mínima tentación de acogerme a tan expeditiva y asilvestrada metodología para ir cambiando a sucesivos inquilinos de La Moncloa, oye. Entre el funesto magnicidio a la americana, en donde disparan con bala, y estos otros intentos de magnicidios a la española de ahora, en el que disparan con bulos y gases mostaza, comprenderán ustedes que ya sobran en nuestra historia ríos de sangre fratricida, lorquiana, nocturna y alevosa como para volver a las andadas como aquella que indujo a un gran poeta, en el buen sentido de la palabra, bueno, a hacerle una desesperada confidencia a Enrique Lister: si mi pluma valiera tu pistola de capitán... No son esas las maneras ni de vivir ni de morir contento, hombre. Ni para un poeta, ni para un ser humano prosaico, ni para un etarra de aquellos: gora euskadi askatuta, incapaz de reconocer que le remuerden la conciencia cada una de las páginas de Patria de Fernado Aramburu.

Le llena a uno de orgullo y satisfacción comprobar que, aquí, en España, avanza un incruento y civilizado proceso para deshacerse de primeros ministros, oye: el automagnicidio. Es condición indispensable, naturalmente, que los sucesores de Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez recuperen el sentido de la vergüenza, claro, esa que se fue perdiendo en la foto de las Azores, con las joyas, las Gürtel y el actual cambalache familiar, judicial, ministerial en lo que va de siglo XXI, cambalache problemático y febril, donde el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Es condición ineludible que, después de Sánchez y sus antecesores, sus sucesores recuperen la sensación de morirse de vergüenza y, en consecuencia, se automagniciden: o sea, disuelvan y convoquen al pueblo a las urnas. @mundiario

 

 

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