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Mundiario 18 Jun, 2026 07:02

Cannabis y psicosis: lo que la ciencia confirma y lo que la legalización no resuelve

El debate sobre el cannabis ha dejado de ser una discusión marginal para convertirse en un asunto central de salud pública en medio mundo. Mientras algunos países avanzan hacia modelos de legalización, otros mantienen restricciones estrictas, y en paralelo crece la preocupación científica por sus efectos en la salud mental, especialmente en edades tempranas. En este contexto, nuevas revisiones internacionales publicadas en The Lancet Psychiatry aportan una visión más matizada: el consumo de cannabis sí se asocia a un mayor riesgo de episodios psicóticos, pero la forma en que se regula su acceso cambia radicalmente las consecuencias sociales y sanitarias.

Las dos revisiones analizan, por un lado, la relación entre cannabis y trastornos psiquiátricos, y por otro, los efectos de los cambios legislativos entre 2000 y 2025 en distintos países. La conclusión conjunta es compleja: no es la legalización en sí misma la que determina el impacto, sino el modelo concreto de regulación, la disponibilidad del producto, su potencia y el contexto social en el que se consume.

En el plano clínico, la evidencia más sólida apunta a que el consumo frecuente de cannabis, especialmente con alto contenido en THC, actúa como un factor que puede contribuir al desarrollo de psicosis en personas vulnerables. No se trata de una relación directa ni inevitable, sino de un elemento que interactúa con predisposición genética, entorno y edad de inicio del consumo. Cuanto más temprano y continuado es el uso, mayor es el riesgo.

En este punto, el psiquiatra Celso Arango, jefe del Departamento de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Hospital Universitario La Paz, subraya al diario EL PAÍS una observación repetida en la práctica clínica: una parte significativa de los adolescentes que ingresan por un primer episodio psicótico han consumido cannabis recientemente. En su unidad, alrededor del 70% de estos casos dan positivo, una cifra que, aunque no representa a toda la población, ilustra la frecuencia de la coincidencia entre consumo y brotes. Algunos pacientes mejoran al abandonar la sustancia; otros desarrollan trastornos persistentes.

El cannabis como factor de riesgo, no como causa única

La investigación también desmonta una idea simplista: el cannabis no “provoca” por sí solo enfermedades mentales graves en la mayoría de los consumidores. En depresión y ansiedad, por ejemplo, la relación es difusa. El catedrático Rafael Maldonado, de la Universidad Pompeu Fabra, recuerda que muchas personas recurren al cannabis como forma de automedicación, lo que complica establecer causalidades claras. En otros casos, una misma vulnerabilidad biológica puede explicar tanto el consumo como el trastorno.

El trastorno bipolar se sitúa en un punto intermedio. La evidencia sugiere que el cannabis puede adelantar su aparición y agravar su evolución, pero los estudios aún son limitados y con importantes variables sin controlar. Esto, según los expertos, ha contribuido a que el debate público ignore en parte esta relación.

Cuando la ley no es suficiente

Las revisiones de The Lancet Psychiatry introducen un matiz clave: la legalización no tiene efectos uniformes. El impacto depende del diseño del mercado y del control estatal.

El caso de Uruguay se cita como ejemplo de regulación restrictiva bajo control público. El Estado limita la distribución, fija precios y regula la potencia del cannabis disponible en farmacias. Según los estudios analizados, no se han detectado aumentos significativos en el consumo juvenil, e incluso algunos indicadores de uso problemático han disminuido. El acceso controlado parece haber amortiguado los riesgos asociados a la apertura del mercado.

Canadá y Estados Unidos: el efecto del mercado comercial

En el extremo opuesto, Canadá y varios estados de Estados Unidos han optado por modelos más abiertos, con expansión de puntos de venta, productos de alta potencia y precios competitivos. En estos contextos se ha observado un aumento del consumo en adultos y un crecimiento de los trastornos por uso de cannabis, además de más visitas a urgencias relacionadas con episodios psicóticos en determinadas regiones.

Celso Arango resume este fenómeno de forma contundente: cuanto más accesible y normalizado es el consumo, mayores son sus consecuencias sanitarias. No es solo una cuestión legal, sino de disponibilidad real.

Cannabis medicinal: entre la evidencia y la política

El debate se extiende también al cannabis medicinal. Los expertos advierten de que su uso sin una base científica sólida puede diluir la diferencia entre tratamiento y consumo recreativo. Arango es especialmente crítico con la idea de que determinadas indicaciones médicas se aprueben sin ensayos clínicos rigurosos, algo que ya ha ocurrido en algunas regiones de Estados Unidos.

En España, el uso terapéutico de derivados del cannabis está muy limitado y sujeto a indicaciones concretas, lo que, según los especialistas, reduce el riesgo de banalización del fármaco.

Lo que dejan claro estas revisiones es que el cannabis no puede abordarse desde posiciones absolutas. No es inofensivo, pero tampoco determina por sí solo la aparición de trastornos mentales graves. Su impacto depende del contexto, de la edad de inicio, de la potencia del producto y, sobre todo, de cómo cada sociedad decide regularlo.

En un debate a menudo polarizado entre prohibición y legalización, la evidencia científica introduce una idea menos cómoda: las decisiones políticas no eliminan el riesgo, pero sí pueden moldear su intensidad y sus consecuencias. @mundiario

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