La percepción sobre la tortura, al igual que otras prácticas como la esclavitud, ha evolucionado en el devenir histórico de la humanidad. Su idea fue tolerada y su práctica permitida en la persecución de delitos o como un castigo para estos. Fue hasta una vez superada la Edad Media, con las ideas del Renacimiento y el Humanismo, que comenzó su rechazo, hasta llegar al contexto actual de los Derechos Humanos en que se encuentra proscrita.
Aun cuando su práctica se encuentra prohibida en nuestra Constitución Política general, desafortunadamente los esfuerzos para su erradicación son recientes (siglo 20), pues la primera ley (federal) en la materia en nuestro país es de 1986 (entró en vigor en 1987); y siendo una conducta sancionable en ambos fueros, las legislaturas de las entidades federativas han ido sumando leyes del orden estatal para su prevención, investigación y sanción, también de manera relativamente reciente.