El gobierno de México presenta la baja de homicidios como señal de que el país es más seguro, pero esa narrativa es incompleta y puede distorsionar la realidad.
Que bajen los homicidios no significa que México sea más seguro. La violencia sigue muy presente en la vida diaria a través de la extorsión, las desapariciones y el control territorial del crimen organizado, entre otros delitos. Para muchas personas, eso define la inseguridad mucho más que una estadística de muertes.
Morena pretende convertir una sola cifra en un resumen del país. Un promedio nacional puede verse bien en el papel mientras en la práctica hay regiones donde la violencia no cede o incluso empeora. La seguridad real no se mide en comunicados, se vive en el territorio.
Además, las cifras dependen de cómo se registran y clasifican los delitos. Cambios administrativos, subregistro o retrasos en la actualización de datos pueden mover los números sin que eso refleje necesariamente una mejora real en las condiciones de seguridad.
La baja de homicidios que presume el gobierno no representa una disminución real de la violencia; está ligada a una manipulación de las cifras mediante la reclasificación de casos como desapariciones. Así, mientras los homicidios aparecen a la baja en los informes oficiales, las personas desaparecidas aumentan y la tragedia continúa. No se está resolviendo la inseguridad, se están acomodando los números para construir una narrativa de éxito y engañar a la población.
La realidad es que la vida cotidiana sigue marcada por la impunidad y la falta de confianza en las instituciones. En un entorno así, la reducción de un delito específico no se traduce automáticamente en tranquilidad para la población.
Incluso la baja en homicidios puede explicarse por factores que no implican mayor seguridad, como reacomodos entre grupos criminales o control de ciertas zonas por una sola organización, lo que reduce enfrentamientos visibles sin eliminar la violencia estructural. Al tiempo…
DETALLES. Felicidades a Abelardo de la Espriella por su contundente victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. Millones de colombianos acudieron libremente a las urnas, reafirmando la fortaleza de la democracia y el valor del voto como expresión de la voluntad ciudadana.
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).