La crisis política que atraviesa Rumanía desde la caída del Ejecutivo de Ilie Bolojan ha entrado en una nueva fase de incertidumbre. El Parlamento ha rechazado la investidura del liberal Adrian Ve?tea, candidato designado por el presidente Nicu?or Dan, en lo que supone el segundo intento fallido para reconstruir una mayoría de gobierno y mantener la estabilidad de uno de los países más importantes del flanco oriental de la Unión Europea y la OTAN.
La derrota parlamentaria no solo representa un revés para Ve?tea, sino también para el propio presidente rumano, que había apostado personalmente por un dirigente de su entorno político para intentar cerrar una crisis que se prolonga desde la moción de censura que derribó al gabinete de Ilie Bolojan. El resultado ha dejado al descubierto las profundas divisiones existentes entre los partidos tradicionales y la creciente influencia de la ultraderecha, convertida en un actor capaz de condicionar la gobernabilidad.
Adrian Ve?tea recibió 189 votos favorables en una Cámara integrada por 465 diputados y senadores, lejos de los 233 necesarios para obtener la confianza parlamentaria. El respaldo del Partido Socialdemócrata (PSD), que había anunciado previamente su apoyo, no fue suficiente para compensar la ausencia de otros socios potenciales.
Paradójicamente, ni siquiera el Partido Nacional Liberal (PNL), formación a la que pertenece Ve?tea y que lidera el ex primer ministro Ilie Bolojan, respaldó oficialmente al candidato. Las tensiones internas en el partido terminaron por convertir la investidura en una prueba casi imposible.
La Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), principal fuerza ultranacionalista y segunda bancada parlamentaria, terminó desempeñando un papel decisivo. Su líder, George Simion, había mantenido contactos con Ve?tea, pero finalmente ordenó a sus diputados abandonar el hemiciclo durante la votación, una maniobra que garantizó el fracaso de la candidatura. “Tengo la conciencia tranquila. He cumplido con mi deber”, insistió.
Tras la derrota, Ve?tea asumió la responsabilidad política y lamentó que el proyecto no hubiera prosperado. “Consideré que era necesario responder a este desafío. Siento que no se haya materializado”.
El fracaso deja en una posición incómoda al presidente Nicu?or Dan
La investidura fallida supone también un golpe para Nicu?or Dan, elegido presidente con una agenda claramente europeísta y que había descartado repetidamente cualquier entendimiento con la extrema derecha.
La elección de Ve?tea pretendía reconstruir una mayoría favorable a la continuidad de las políticas prooccidentales y evitar unas elecciones anticipadas que, según los sondeos, podrían beneficiar precisamente a AUR. Sin embargo, la falta de consenso entre los antiguos socios de la coalición y las divisiones dentro del PNL han dejado al presidente sin una fórmula evidente para superar el bloqueo.
Dan ya había sufrido un primer revés cuando su asesor Eugen Tomac renunció a presentar su candidatura al constatar que tampoco disponía de los apoyos necesarios. El fracaso de Ve?tea aumenta ahora la presión sobre la presidencia y reduce las alternativas disponibles.
La actual parálisis política tiene su origen en abril, cuando los socialdemócratas abandonaron la coalición de gobierno formada junto al PNL, la minoría húngara del UDMR y otros aliados. Las discrepancias sobre las políticas económicas y las medidas de ajuste impulsadas por Ilie Bolojan desembocaron finalmente en una moción de censura apoyada por el PSD y por las formaciones ultranacionalistas.
Aquella alianza circunstancial derribó al Gobierno y abrió una crisis que ya supera las seis semanas sin una solución clara. El problema para las principales fuerzas políticas es que las posiciones se han endurecido. El PSD no quiere regresar a una coalición con sus antiguos socios, mientras que los liberales tampoco desean reeditar una alianza con los socialdemócratas. En medio de ese bloqueo, la fragmentación parlamentaria convierte cualquier mayoría estable en una tarea extremadamente complicada.
Qué ocurrirá ahora
Uno de los elementos más significativos de la crisis es la creciente influencia de AUR. El partido liderado por George Simion se ha consolidado como una fuerza determinante y aparece como favorito en algunos sondeos de intención de voto.
Su posición crítica con Bruselas, con la ayuda militar a Ucrania y con algunas políticas comunitarias preocupa a los sectores más europeístas del país. Precisamente por ello, Nicu?or Dan ha insistido en descartar cualquier fórmula gubernamental que incluya a la extrema derecha. Sin embargo, el peso parlamentario de AUR convierte a la formación en un actor capaz de bloquear iniciativas y de influir indirectamente en la composición de futuros gobiernos.
La Constitución rumana permite hasta tres intentos de investidura antes de abrir la puerta a unas elecciones anticipadas. Tras el fracaso de Ve?tea, Nicu?or Dan deberá designar un nuevo candidato para la jefatura del Ejecutivo.
Ese futuro aspirante dispondrá de un plazo limitado para negociar una mayoría y presentar un gabinete capaz de superar la votación parlamentaria. El presidente ha mostrado hasta ahora su rechazo a adelantar los comicios, ya que Rumanía nunca ha recurrido a unas elecciones anticipadas desde la caída del comunismo y la actual legislatura debería extenderse hasta 2028.
No obstante, si un tercer intento también fracasa, el escenario electoral podría dejar de ser una amenaza teórica para convertirse en una realidad.
La prolongación del vacío político preocupa tanto por sus consecuencias internas como por el contexto geopolítico. Rumanía comparte frontera con Ucrania, es un miembro estratégico de la OTAN y necesita mantener la recepción de fondos europeos para afrontar sus desequilibrios económicos.
El propio Adrian Ve?tea alertó sobre las consecuencias del bloqueo institucional. “Cuarenta y siete días sin gobierno nos están saliendo muy caros en fondos europeos, confianza y un tiempo que ya no recuperaremos”. @mundiario