HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Economista 23 Jun, 2026 00:14

Colombia, Chile, Argentina y El Salvador sí; México no

El ultraderechista Abelardo de la Espriella, el Tigre, ganó la elección presidencial de Colombia el domingo pasado con el 49.66% de los votos, frente al 48.70% de Iván Cepeda. La diferencia es de 0.96 puntos porcentuales, la más cerrada de la historia electoral colombiana. Cepeda anunció que impugnará 33,000 mesas, pero aceptará los resultados definitivos. El nuevo presidente asumirá el cargo el 7 de agosto.

Donald Trump celebró en Truth Social con un “Él ganó, GRANDE”. Marco Rubio, su secretario de Estado, también lo felicitó. El argentino Javier Milei escribió que “el león y el tigre rugen en Latinoamérica”. El bloque de Milei, Daniel Noboa en Ecuador y José Antonio Kast en Chile suma un país más. En Perú, Keiko Fujimori aventaja a Roberto Sánchez por 40,700 votos y podría ser proclamada presidenta electa en julio. La región vuelve a inclinarse hacia la derecha. La presidenta Claudia Sheinbaum, en su mañanera del lunes pasado, dijo que esperará “para felicitar a quien haya obtenido el triunfo”.

Ahora, muchos en México se preguntan si México también virará a la derecha. La respuesta es no y la razón está en la historia. Colombia tiene memoria de derecha con décadas de gobiernos conservadores. Argentina combinó dictaduras con experiencias promercado. Chile conoció una dictadura de derecha con un proyecto que sobrevivió a la transición democrática. Esos electorados han oscilado entre izquierda y derecha sin mayor problema.

En México la derecha como identidad fue minoría y, durante décadas, etiqueta tóxica. El régimen posrevolucionario construyó 70 años de legitimidad en oposición a “la derecha”. Cuando los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón ganaron la presidencia, lo hicieron al ofrecer una alternancia democrática, no una revolución ideológica.

Además de lo anterior, la oposición mexicana arrastra un triple déficit porque carece de proyecto, territorio y una cultura política que se defina como de derecha. PAN, PRI y Movimiento Ciudadano sobreviven con presupuesto, legisladores y algunos gobernadores, pero están desgastados y no tienen una narrativa común. Morena gobierna la mayoría de los estados y ocupa buena parte de la estructura territorial que antes fue priista.

Las nuevas derechas, Vida y Somos México, esperan que el INE les otorgue o niegue el registro el próximo jueves. Aun si lo consiguen, son estructuras pequeñas y sin presencia real en los municipios. En un país con memoria de guerras cristeras y un Estado laico fuerte, una derecha abiertamente religiosa tiene pocas posibilidades de crecer. El elector conservador mexicano vota por orden y programas sin asumirse como derechista, lo que complica construir una identidad propia.

Para 2030 hay tres escenarios: Una derecha reagrupada en el PAN y MC, con un candidato competitivo si la economía o la seguridad se desploman; una ultraderecha con registro propio y liderazgo carismático de corte trumpista, montada en el enojo social; una figura ajena a la política, del ámbito empresarial o mediático, que use algún partido existente como su plataforma.

En los tres casos hay la misma limitación. Sin estructura territorial y sin convencer a un electorado que nunca se ha sentido gobernado por una derecha explícita, el triunfo de la derecha es muy poco probable en México.

Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy

Contenido Patrocinado