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El Financiero 23 Jun, 2026 05:00

Cinco siglos

Mañana, 24 de junio, se cumplen 500 años de que el primer festejo taurino en lo que entonces era la Gran Tenochtitlán quedara documentado. El documento es la Quinta Carta de Relación de Hernán Cortés al rey Carlos V. En ella se relata que el 24 de junio de 1526, día de San Juan, “se corrieron ciertos toros y hubo regocijos de cañas y otras fiestas…”.

Este manuscrito fue fechado el 3 de septiembre de 1526, tras el regreso de Cortés de su viaje a las Hibueras, hoy Honduras. Dos años después se fundó en el Estado de México la primera ganadería de reses bravas, con animales traídos desde Navarra. El propio Cortés, a su paso por las Antillas, trajo además reses criollas, con las que don Juan Gutiérrez Altamirano, primo de Hernán Cortés, fundó en los primeros años de la Colonia la ganadería de Atenco, que para orgullo de esta cultura se mantiene vigente hasta nuestros días. Así lo documentó con rigor el historiador José Francisco Coello Ugalde (q.e.p.d.), máxima autoridad en historia taurina mexicana.

Desde entonces, la tauromaquia ha evolucionado de la mano de distintas civilizaciones que, con el paso del tiempo, se fusionaron con los venidos de Europa y, como usted bien sabe, formaron México.

Mucha sangre se derramó para que hoy podamos, con orgullo, decir que México es el resultado de una lucha por la libertad basada en el mestizaje. En esta ecuación, la tauromaquia ha tenido, tiene y tendrá un lugar especial en la manera de entender la vida y la muerte, amar a los animales y expresar artísticamente lo que llevamos dentro.

El peso histórico y la contundencia cultural de la tauromaquia en nuestro país existen incluso desde antes de que la Virgen de Guadalupe se apareciera en el cerro del Tepeyac a San Juan Diego, en 1531. De esta magnitud son su importancia y su valor cultural, por lo que millones de mexicanos nos rehusamos a que esta cultura sea atacada en absurdos intentos prohibicionistas por parte de seres incapaces de procesar esta realidad.

Políticos corruptos, evidentemente incapaces de servir al pueblo, con el único objetivo de estar en el poder para robar y manipular información y recursos, como el impresentable Jesús Sesma, personaje vulgar con una sola agenda política: obedecer los intereses animalistas del extranjero. No se ha manifestado en lo absoluto en cuestiones ecológicas de interés nacional, como la tala indiscriminada de bosques por parte del crimen organizado, o el ecocidio que el absurdo Tren Maya ocasionó. Este tipo cumplió con su agenda antitaurina, cobra de nuestros impuestos y no sirve para nada más.

Qué decir de la señora Brugada, producto político de la mayor incapacidad mostrada para gobernar una ciudad como la capital. Apasionada de los ajolotes y con deplorable gusto estético, cree que esta ciudad es el patio de una vecindad que puede decorar a su antojo. Rencorosa, con un profundo complejo sobre lo que realmente es México, a diario nos atormenta en X con sus inauguraciones de puentes que ya existían, barriendo la banqueta para que creamos que todo va bien y que ella es buena gobernante.

México está muy por encima de sus gobernantes. Los actuales son de los peores de la historia; no se puede generalizar, hay gente valiosa y capaz, pero desgraciadamente son pocos y están rodeados de seres que, por su desempeño, parecen odiar a México, a su gente y a su cultura.

La tauromaquia en México cumple 500 años. Si algún día desaparece, será de muerte natural: cuando ningún niño sueñe con ser torero, ningún ganadero sueñe con el toro ideal y no existan mexicanos que aprecien el arte de torear. Nunca, pero nunca, por prohibiciones. Esta cobardía no tiene cabida en un país que ama la libertad y que debe despertar ante los oscuros tiempos que vivimos.

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