El Ejecutivo ha dado un nuevo impulso a su estrategia tecnológica con más de 430 millones de euros en inversiones públicas dirigidas a inteligencia artificial, supercomputación y chips. Más allá de las cifras, el mensaje es inequívoco: España quiere dejar de ser un mero usuario de tecnologías avanzadas para convertirse en parte activa de su desarrollo en Europa.
Una de las piezas centrales del plan es la aportación de 300 millones de euros a la Empresa Común Europea de Informática de Alto Rendimiento EuroHPC. Este organismo es el encargado de coordinar la infraestructura de supercomputación de la UE y de impulsar las llamadas “gigafactorías de IA”, centros diseñados para entrenar modelos de inteligencia artificial a gran escala.
El objetivo no es menor: competir en la carrera global por la capacidad de cálculo, un recurso cada vez más estratégico. España aspira a albergar una de estas instalaciones, lo que reforzaría su papel dentro del mapa tecnológico europeo. La experiencia acumulada en centros como el Barcelona Supercomputing Center o el CESGA gallego se presenta como carta de presentación en esta competición.
El ecosistema español de IA gana músculo público-privado
El Gobierno también ha reforzado su apoyo a empresas estratégicas del sector. A través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica SETT, el Estado participará con 107 millones de euros en la compañía Multiverse Computing, especializada en software de computación cuántica e inteligencia artificial.
Este tipo de movimientos no solo buscan rentabilidad financiera, sino consolidar un ecosistema tecnológico capaz de competir en un mercado dominado por gigantes estadounidenses y asiáticos. La lógica es clara: si Europa quiere autonomía tecnológica, necesita campeones industriales propios.
En paralelo, el Estado también ha respaldado rondas de financiación que podrían convertir a Multiverse en uno de los llamados “unicornios” españoles, empresas valoradas por encima de los 1.000 millones de euros. El impacto potencial va más allá del capital: acceso a talento, escalado industrial y atracción de inversión internacional.
Fotónica y chips: la pieza industrial de la estrategia
El tercer eje de la inversión se centra en los semiconductores, un sector crítico en la economía global actual. El Gobierno ha autorizado 24,5 millones para la empresa Attypics Photonics, especializada en chips fotónicos, una tecnología clave para comunicaciones avanzadas, defensa y computación de nueva generación.
Este movimiento se enmarca en la estrategia europea de semiconductores y se suma a otras operaciones recientes, como la participación pública en la joint venture con Diamond Foundry para la fabricación de chips en España.
La implicación es clara: la competencia tecnológica ya no se libra solo en el software o la inteligencia artificial, sino también en el control del hardware que la hace posible. España intenta posicionarse en ambas capas, algo que puede tener efectos duraderos en su tejido industrial, pero que también exige una ejecución sostenida y coherente en el tiempo. @mundiario