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El Economista 23 Jun, 2026 22:08

Poniatowska: la curiosidad es la mejor herramienta del periodismo

Antes de convertirse en la cronista de las grandes sacudidas del país, Elena Poniatowska atravesó una puerta poco apreciada del oficio: el periodismo de sociales. Desde ahí, hace poco más de siete décadas, comenzó un recorrido que la llevaría a escuchar a artistas, presos, soldaderas, escritores, actrices y personajes anónimos cuyas voces terminarían por instalarse en la memoria del México del siglo XX y lo que va del XXI.

Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor encontró en ese ejercicio una forma de habitar el país que la recibió siendo niña. Más que entrevistar, coleccionó conversaciones; más que perseguir declaraciones, reunió vidas que parecían esperar una reportera dispuesta a transcribirlas sin el peso de la solemnidad que durante décadas dominó las redacciones y reservó el oficio, sobre todo el reporteril, para los hombres.

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Con esa misma curiosidad, Elena se apersonó este martes en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la UNAM y frente a estudiantes de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas recordó su máquina de escribir Remington "muy viejita", de teclas que "rebotaban como balas" sobre las hojas de papel revolución, propia de una época en la que el periodismo se hacía cara a cara, mucho antes de los celulares, el internet y la inteligencia artificial.

Entre una anécdota y otra desfilaron los nombres que también ayudaron a escribir el rostro cultural del país: David Alfaro Siqueiros, "que se la pasaba en la cárcel"; Elena Garro, "muy conflictiva"; María Victoria, a quien el público pedía "vuelta, vuelta, vuelta", y un Juan Rulfo cuya timidez parecía tan legendaria como sus libros. Con la naturalidad de quien recuerda una sobremesa, Poniatowska fue hilando una memoria en la que la historia de México y la del periodismo parecían inseparables.

Entre papel carbón y fake news

Si durante buena parte de la charla con La Poni en la Sala Julio Bracho el público viajó entre las redacciones de mediados del siglo XX, los procesadores de texto más bien mecánicos, las hojas al carbón y los encuentros con otros inconfundibles como Diego Rivera, Carlos Fuentes o Rosario Castellanos, su regreso al presente ocurrió con una advertencia:

Para la ganadora en 2013 del Premio Cervantes —el reconocimiento de mayor prestigio para las letras en lengua española—, la transformación tecnológica ha multiplicado las posibilidades de informar, pero también ha impuesto una responsabilidad mayor sobre quienes narran la realidad.

"Los jóvenes actualmente cuentan con todos los adelantos tecnológicos. Sin embargo, el reportero novato debe confiar en su inteligencia, en su intuición y ser lo suficientemente crítico ante lo que ve, incluso ante lo que aparece en las redes sociales, para distinguir las fake news, las noticias falsas que contaminan la opinión pública y nos hacen aceptar la mentira", sostuvo.

La periodista señaló que el ecosistema digital está "abarrotado de influencers y blogueros" que ocupan espacios de enorme alcance, un escenario que, dijo, obliga a reivindicar la función social del trabajo periodístico. "El periodismo es un oficio noble”, dijo, y agregó: “No significa solamente describir lo que le sucede a otros, sino informarlo, denunciarlo y transmitirlo de la manera más ética, profesional y eficaz".

La escritora insistió en que escribir no es un acto espontáneo sino un trabajo que exige disciplina cotidiana. "Es como la carpintería o la costura: no sale bien a la primera; es cuestión de constancia, de práctica y de dedicación", dijo frente a una generación integrada por estudiantes provenientes de diversas facultades de la UNAM, desde Ciencias Políticas hasta Derecho, Filosofía, Ciencias y Artes Escénicas.

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Encuentro de la escritora Elena Poniatowska con estudiantes en la Sala Julio Bracho.Hugo Salazar

"Me siento todos los días frente a una computadora y busco personajes en la vida. Lo mejor que me ha sucedido fue conocer a la gente que vive en la calle, a quienes no sabían leer o escribir y a los presos de Lecumberri que querían contar su historia. Eso me hizo conocer cada vez más a México”, compartió Poniatowska ya en conversación franca con aquellas personas que alcanzaron a formular su pregunta micrófono en mano.

Cuando una estudiante le preguntó qué hace realmente bueno a un periodista, la respuesta fue breve pero contundente: "Su capacidad de observación y también de deducción; que tenga su propio criterio, su propia manera de ser al observar".

Esta generación quiere contar distinto

Entre quienes recibieron diploma por concluir el ciclo 2026-1 de la Unidad de Investigaciones Periodísticas estuvo Andrea Aviña, estudiante de la maestría en Estudios Latinoamericanos, quien además encontró en el programa periodístico un espacio para explorar una escritura distinta a la académica.

"Entré porque me interesa escribir y llegar a otros públicos. La experiencia académica a veces es muy rígida y está dirigida a un público específico. Aquí pude pensar otras maneras de contar", explicó Andrea.

Sobre el periodismo contemporáneo, la alumna reconoció la diversidad de formatos, pero también la presión permanente por la velocidad informativa: "Tenemos que escribir, reflexionar y pensar muy rápido, y eso a veces nos presiona por las dinámicas de las redes sociales. Quizás no siempre sea posible hacer trabajos profundisimos, pero sí rigurosos, sin mentir".

Respecto al legado de Poniatowska, la joven destacó la libertad con la que la autora ha transitado entre géneros literarios y periodísticos.

"Me parece muy enriquecedora esa conjunción que hace en su escritura y, sobre todo, que haya puesto atención en historias de sectores históricamente marginados. También es un archivo viviente de la vida cultural de México".

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