En el vino, como en muchas otras expresiones culturales, las mejores historias suelen construirse en colectivo. Así ocurre con Intanino, un proyecto que reúne talento, experiencia y distintas miradas femeninas para dar vida a dos etiquetas que reflejan no sólo el carácter de un territorio, sino también la evolución de una industria cada vez más diversa.
El resultado son Intanino Rojo Vol. 24 e Intanino Dorado VOL. 24, vinos creados por integrantes de Mujeres in Taninos, asociación dedicada a impulsar la participación y profesionalización de las mujeres dentro del sector vitivinícola mexicano.
Ambas etiquetas representan una conversación abierta entre profesionales del vino que encontraron en la cosecha 2024 una oportunidad para expresar la identidad del Bajío desde una perspectiva compartida.
La coordinación del proyecto estuvo a cargo de la enóloga Agostina Astegiano, quien trabajó junto con otras integrantes de la asociación en la selección de uvas, la definición de estilos y los procesos de elaboración.
La intención fue permitir que el origen hablara por sí mismo y que cada decisión en bodega acompañara esa expresión.
Intanino Rojo Vol. 24 fue elaborado con Cabernet Franc proveniente de Viñedo La Corregidora, en Guanajuato. Cultivadas a mil 800 metros sobre el nivel del mar, las uvas fueron fermentadas en pequeñas vasijas y posteriormente criadas durante 18 meses en barricas nuevas de roble francés. El resultado es un vino elegante y especiado, donde la fruta conserva protagonismo y la madera aporta estructura sin eclipsar la personalidad del terroir.
Mientras que Intanino Dorado Vol. 24 explora una faceta menos convencional del Sauvignon Blanc. Elaborado con uvas de Viñedo Puerta del Lobo, en Querétaro, este vino reposó en barricas de acacia de primer uso para desarrollar un perfil fumé que mantiene frescura, tensión y una notable vivacidad en boca. La elección de esta madera responde al deseo de construir una interpretación distinta de la variedad, sin perder la identidad que aporta el viñedo.
La historia de Intanino también se cuenta a través de su imagen. Las etiquetas, diseñadas por Marcela Landgrave, incorporan símbolos asociados a la feminidad, los ciclos y la identidad mexicana. La luna ocupa un lugar central como referencia a los procesos de transformación y crecimiento, mientras que las formas circulares evocan tanto las uvas como la construcción colectiva detrás del proyecto.
Cada detalle busca reflejar un momento particular para las mujeres dentro del vino mexicano: una etapa de consolidación profesional, intercambio de conocimiento y apertura de nuevos espacios de liderazgo. La propia palabra Intanino aparece de forma ascendente e inacabada, como una metáfora visual de una industria que continúa evolucionando y ampliando sus horizontes.
El concepto se extiende incluso más allá de la botella. Las experiencias creadas alrededor del lanzamiento retoman elementos vinculados con los ciclos femeninos y la conexión emocional que suele surgir alrededor de una copa compartida. La intención es entender el vino no sólo como un producto, sino como un punto de encuentro que favorece el diálogo, la colaboración y la construcción de comunidad.
Además de celebrar la riqueza vitivinícola del Bajío, el proyecto tiene un componente social. Parte de los recursos generados por la venta de estas etiquetas contribuirá a fortalecer las iniciativas de capacitación, acompañamiento y networking que Mujeres in Taninos desarrolla para impulsar a nuevas generaciones de profesionales dentro del sector.