Durante el periodo neoliberal se intentaron instalar ideas como que las empresas públicas eran sinónimo de atraso, que el Estado debía retirarse de los sectores estratégicos y que el futuro pertenecía exclusivamente a los mercados.
Bajo esa lógica, Petróleos Mexicanos (Pemex) perdió protagonismo, capacidades y margen de maniobra. Se utilizó como fuente de ingresos fiscales, se redujeron sus posibilidades de inversión y se construyó una narrativa que lo presentaba como un problema, no como una solución.
Con la llegada de los gobiernos de la Cuarta Transformación quedó demostrado que esa visión estaba lejos de ser inevitable. Hoy, México presencia una etapa distinta, en la que Pemex vuelve a ocupar un lugar central dentro de la estrategia de desarrollo nacional.
El acuerdo de cooperación entre Pemex y Petrobras (Petróleo Brasileño) es una muestra clara de ello, ya que no se trata únicamente de un convenio entre dos compañías energéticas, sino de una señal política, económica y geoestratégica que refleja la voluntad de fortalecer capacidades nacionales a través de la colaboración entre dos de las empresas públicas más importantes de América Latina.
Bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, nuestro país ha reafirmado que la energía es más que una mercancía, pues funge también como instrumento de soberanía, factor de estabilidad económica y herramienta para impulsar el bienestar social del pueblo de México.
Por eso, dicho acuerdo adquiere una relevancia especial, toda vez que representa la posibilidad de compartir conocimiento técnico, innovación, experiencia operativa y mejores prácticas en áreas fundamentales para el futuro energético de México y Brasil.
La importancia del acuerdo también debe analizarse en el contexto de la transición energética que vive el mundo. Las naciones enfrentan el desafío de avanzar hacia fuentes más limpias sin poner en riesgo su seguridad energética ni sacrificar su desarrollo económico.
En ese escenario, este esquema de cooperación resulta fundamental. La experiencia acumulada por Petrobras en exploración, producción y desarrollo tecnológico puede convertirse en una oportunidad valiosa para fortalecer las capacidades de Pemex.
Además, este acercamiento envía el mensaje de que los países con gobiernos progresistas tienen la posibilidad de construir mecanismos propios de cooperación que les permitan defender mejor sus intereses y aprovechar de manera soberana sus recursos naturales.
El contraste con el pasado es evidente. Mientras los gobiernos neoliberales insistían en disminuir la presencia del Estado y relegar a Pemex a una posición cada vez menos prioritaria, los gobiernos de la Cuarta Transformación apuestan por su fortalecimiento.
Y este robustecimiento significa construir una plataforma sólida para enfrentar el futuro, contar con una empresa pública capaz de participar en la transición energética desde una posición potente, impulsar el desarrollo tecnológico nacional, generar empleos de calidad y contribuir al crecimiento económico del país.
X: @RicardoMonrealA