El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los desórdenes del neurodesarrollo más prevalentes en la infancia y se sitúa entre las principales causas de problemas escolares, conductuales y sociales. En los últimos años ha crecido de manera notable el número de niños diagnosticados, tanto en el ámbito internacional como en México, lo que ha intensificado el interés por su etiología y sus implicaciones educativas.
En México, diversos estudios sugieren que entre el 5 y el 12 por ciento de los niños y adolescentes muestran síntomas compatibles con el TDAH, lo que puede implicar a millones de escolares. Buena parte de este incremento responde al desarrollo de metodologías y criterios de diagnóstico enfocados en el conocimiento y la detección temprana del trastorno. No obstante, persiste la preocupación por factores ambientales contemporáneos que podrían estar impactando negativamente la atención y las funciones ejecutivas, como por ejemplo la exposición a las pantallas, la disminución del juego libre, la inactividad física y la reducción de experiencias que permiten el fortalecimiento del autocontrol y de la autorregulación.