El país se desconecta con un gol. Durante 90 minutos, la Selección Mexicana puede hacer que millones olviden deudas, incertidumbre, violencia y problemas económicos, al menos de forma temporal; pero esa pausa emocional también puede empujar compras impulsivas, frustración colectiva y reacciones que después se pagan en el bolsillo, el trabajo o la convivencia.
En una entrevista con Publimetro, el doctor en Psicología y jefe de Posgrado de la Facultad de Humanidades de la Universidad La Salle, Emiliano Villavicencio, explicó que el Mundial opera como un fenómeno de psicología social: une a personas que normalmente están separadas por clase, ideología o intereses, refuerza la identidad nacional y abre una válvula para expresar emociones que muchas veces no encuentran salida en la vida diaria.
Después de la calificación de México a segunda fase del Mundial, con marca perfecta de nueve puntos, el especialista advirtió que esa energía futbolera puede tener dos caras. Por un lado, ayuda a construir cohesión, pertenencia y entusiasmo; por el otro, puede borrar de la mente problemas reales como la economía, falta de crecimiento, desempleo, inseguridad o tensión social; además de activar un consumo compensatorio que lleva a gastar en cosas que, fuera de la euforia mundialista, quizá nadie compraría.
Mundial duerme el golpe económico
Villavicencio llamó “simplificación de la realidad” al momento en que un evento masivo permite a la población poner en pausa aquello que la presiona todos los días. En el caso del Mundial, explicó, el torneo puede funcionar como una fuga emocional: la gente grita, se abraza, se enoja, festeja y, por un rato, deja fuera de la pantalla los problemas económicos, políticos o sociales que siguen ahí cuando termina el partido.
El especialista fue directo al describirlo como “una especie de anestesia temporal de los problemas que realmente nos aquejan cotidianamente”. La palabra importa porque no habla de una solución, sino de un alivio pasajero: el Mundial puede bajar el dolor por un momento, pero no elimina la inflación, la falta de empleo, las deudas ni la inseguridad que golpean la vida diaria.
Esa pausa, señaló, no necesariamente es buena o mala por sí misma; simplemente ocurre en eventos de esta magnitud. El punto delicado es que, mientras dura la emoción colectiva, muchas personas pueden sentir que todo está mejor, cuando en realidad solo están viviendo una catarsis temporal que se apaga cuando vuelve la rutina.
El especialista aterrizó el tema con una frase que explica por qué el la justa mundialista pega tan fuerte en la cabeza y no solo en la pantalla: “el torneo de fútbol nos sirve como una especie de fuga” para olvidar, por un momento, “el problema económico” y la crisis política, hasta convertir el evento en esa “anestesia temporal” frente a lo que realmente aqueja a la población.
Gritar gol también libera presión
La parte positiva del Mundial justamente está en la catarsis colectiva. Villavicencio explicó que en el ambiente de violencia, incertidumbre e inseguridad que afecta al país, las personas pueden acumular emociones reprimidas y, frente a eso, el futbol se convierte en una plataforma para sacar enojo, alegría, esperanza o frustración sin que la gente necesariamente lo piense de manera consciente.
Ahí aparece uno de los efectos más potentes: la cohesión grupal. Cuando juega la Selección, dijo el especialista, muchas diferencias se difuminan y la población se mira como parte de un mismo grupo. En sus palabras, “cuando juega la selección, todos somos mexicanos y todos somos México”.
Ese impulso puede aprovecharse en las empresas, escuelas o equipos de trabajo, siempre que no se quede en porra o convivencia superficial. Villavicencio explicó que los grupos con identidad fuerte suelen tener mejor actitud y mayor disposición para colaborar, mientras que los equipos con mala comunicación, conflicto o violencia interna tienden a resentirlo en sus niveles de producción.
La clave, apuntó, está en usar esa dinámica natural sin romantizarla. “Si las empresas utilizan esta dinámica natural de los grupos sociales ante un fenómeno de esta magnitud, esto es positivo y negativo, se va a dar”, explicó el especialista, al señalar que las organizaciones pueden aprovecharla si entienden cómo se mueve la identidad dentro de los equipos.
“Si la selección mexicana gana un partido, va a reforzar mucho la cohesión, va a reforzar la identidad, los niveles de felicidad se van para arriba y los niveles de productividad, por lo tanto, también”.
Emiliano Villavicencio, Universidad La Salle
Euforia también cobra caro
El problema aparece cuando la emoción se convierte en gasto. Emiliano Villavicencio identificó el “consumo compensatorio” como una de las desventajas del Mundial: la gente desembolsa dinero en productos que, en otras circunstancias, no compraría, desde playeras de selecciones hasta pantallas, reuniones, comida o artículos ligados al torneo.
El riesgo es mayor para quienes viven con mayor presión económica, con ingresos más bajos. El especialista explicó que las personas con condiciones financieras más vulnerables pueden usar el consumo como una fuga frente a una realidad desfavorable; es decir, comprar para sentirse parte de la fiesta, aunque después llegue la deuda o el ajuste al presupuesto familiar.
El propio Villavicencio lo puso en términos muy cotidianos: “mucha gente va a pasar el tarjetazo y se va a comprar una pantalla de 50 pulgadas para ver el Mundial”, incluso si después debe pagarla a plazos. Ahí el problema no es la pantalla, sino confundir emoción, pertenencia y orgullo nacional con capacidad real de pago.
No se trata de negar el festejo, sino de entender que la identidad también vende. El especialista advirtió que el torneo de futbol, por cohesión social y reforzamiento de identidad, puede llevar a decisiones que “a mediano o largo plazo pueden afectar nuestra economía”; por eso la camiseta, la pantalla, la comida y la reunión pueden sentirse como fiesta, pero terminar como cuenta pendiente.
Si México pierde, cambia el ánimo
La misma cohesión que une al país cuando hay triunfo puede jugar en contra cuando aparece la derrota. Villavicencio explicó que, si la Selección Mexicana pierde, falla o queda eliminada, la pertenencia al grupo no desaparece, pero puede sostenerse sobre enojo y frustración en lugar de felicidad.
En una empresa, ese cambio importa. Un equipo unido por entusiasmo puede trabajar mejor; uno unido por coraje puede afectar ese ánimo a la jornada laboral, contaminar conversaciones, reducir concentración o generar tensión. El especialista lo resumió así: “la cohesión social se puede mantener, pero ya no estará como eje la felicidad y la motivación, sino la frustración y el enojo”.
La recomendación no es convertir cada partido en terapia. Si el resultado pega emocionalmente al equipo, las áreas de recursos humanos o capital humano pueden ofrecer “contención emocional” para canalizar frustración, mantener el enfoque y evitar que una derrota arrastre el ambiente laboral.
Villavicencio planteó el punto con claridad empresarial: si la Selección comienza a ir mal, “valdrá la pena que este equipo de trabajo tenga un soporte, un apoyo dentro de la empresa”, para que el grupo haga catarsis y canalice la frustración de forma funcional, sin que eso golpee la cohesión ni la productividad.
No perder el piso mundialista
Villavicencio también alertó sobre el favoritismo endogrupal, un fenómeno en el que las personas se alinean tan fuerte con su grupo que pueden rechazar o confrontar a quienes identifican como parte del equipo contrario. En el futbol, eso puede aparecer en estadios, reuniones o celebraciones donde la euforia rompe límites.
El especialista explicó que el grupo “jala mucho” por la pertenencia y la identidad. Eso significa que una persona puede adoptar comportamientos más parecidos a los del grupo que a su propia forma de actuar, sobre todo cuando hay enojo, frustración o provocación de por medio.
Su consejo para evitar que la emoción se salga de control es mantener sentido de realidad. Respirar, reconocer dónde se está y recordar los propios límites ayuda a no dejarse arrastrar por el grupo, sobre todo cuando aparecen provocaciones o la frustración.
Emiliano Villavicencio lo dijo sin rodeos: “nunca debemos perder el piso” ni olvidar que la cohesión grupal puede ser muy fuerte y “nos jala”. La respiración, agregó, ayuda a volver al aquí y ahora, a tomar conciencia del cuerpo y evaluar mejor los pensamientos y acciones antes de seguir la corriente del grupo.
El Mundial puede unir, emocionar y darle al país un respiro. Pero ese respiro no debe confundirse con cura: cuando se apaga la pantalla, los problemas económicos siguen ahí, y la mejor jugada para el bolsillo es disfrutar sin perder la cabeza ni la cartera.
¿Qué tapa el Mundial por 90 minutos?
Mientras rueda el balón, millones de aficionados pueden olvidar —aunque sea por un rato— cinco golpes económicos que siguen pegando fuera de la cancha, de acuerdo con cifras del Inegi y firmas como la reparadora de crédito Bravo:
- Crecimiento económico: la economía cayó 0.6% en el primer trimestre del año.
- Desempleo: 1 millón 715 mil 746 personas estaban sin empleo en mayo de 2026; 22 mil 340 más que un año antes.
- Informalidad: subió a 55.2%, con 33.4 millones de personas trabajando sin plena protección laboral.
- Deudas: 60% de los mexicanos tiene adeudos o enfrenta sobreendeudamiento.
- Sueldos bajos: 78% de la población gana entre uno y máximo dos salarios mínimos.