El sonido solemne de la última alarma, los toques de corneta y una salva de honor hicieron revivir uno de los capítulos más dolorosos en la historia de Estados Unidos. A 25 años de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la comunidad fronteriza volvió a reunirse para recordar a las víctimas y honrar el sacrificio de los socorristas que entregaron sus vidas aquel día.
Más de mil 500 personas participaron en una subida de escalones conmemorativa en el Estadio Sun Bowl, en el campus de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP). El recorrido equivalió a los 110 pisos que tenían las Torres Gemelas del World Trade Center, destruidas durante los atentados.
Bomberos, policías, militares, agentes federales, estudiantes y residentes ascendieron las escaleras para honrar a las 2 mil 977 personas que murieron como consecuencia de los ataques perpetrados en Nueva York, el Pentágono y Pennsylvania.
Entre las víctimas estuvieron 343 bomberos de Nueva York, quienes subieron cargados con su equipo mientras miles de personas trataban de escapar de los edificios. Muchos de ellos sabían que probablemente no regresarían, pero continuaron avanzando para cumplir con su deber.
La ceremonia fue organizada por el Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva del Ejército (ROTC) de UTEP, en colaboración con la Ciudad de El Paso y el Distrito de Servicios de Emergencia Número 1 del Condado de El Paso. También participaron integrantes de Fort Bliss, la Patrulla Fronteriza, el FBI, la Administración para el Control de Drogas (DEA) y corporaciones de emergencia de la región.
La presidenta de UTEP, Heather Wilson, destacó la importancia de transmitir la historia del 9/11 a los jóvenes que todavía no habían nacido cuando ocurrieron los atentados.
“Nuestros estudiantes de hoy ni siquiera habían nacido ese 11 de septiembre, por eso es importante contarles la historia, explicarles por qué es importante recordar”, expresó Wilson.
Asimismo agradeció la respuesta de la comunidad paseña, así como la presencia de soldados de Fort Bliss, estudiantes y socorristas de distintas corporaciones.
“Es una oportunidad para detenernos y recordar, no solamente a quienes murieron, sino también a quienes respondieron después. Frente al mal, los estadounidenses hacen el bien”, subrayó luego de depositar una ofrenda floral en honor a las víctimas.
El homenaje incluyó una salva de 21 disparos y el sobrevuelo de la Brigada de Aviación de la Primera División Blindada de Fort Bliss. La solemnidad de la ceremonia envolvió el estadio mientras los asistentes guardaron silencio en memoria de quienes salieron de sus hogares aquella mañana sin imaginar que no regresarían.
Algunos bomberos realizaron el recorrido con su equipo completo para sentir, al menos por unos momentos, el esfuerzo que enfrentaron los socorristas en las Torres Gemelas.
Jesús Salmerón, teniente del Departamento de Bomberos de El Paso, participó por primera vez en la subida después de haber colaborado anteriormente en su organización.
“Fue un gran honor para nosotros y para mí poder recordarlos y reconocer su sacrificio. Esto me recordó la importancia de seguir haciendo mi trabajo lo mejor posible”, expresó, tras fijar su mirada en la bandera estadounidense a media asta.
Salmerón llevó consigo su equipo y chaleco táctico para representar el peso que cargaban los bomberos mientras ascendían los edificios en llamas. “Subimos 110 tramos de escaleras. Fue un reto, pero lo hicimos para recordar su sacrificio y el arduo trabajo que realizaron”, señaló.
El teniente recordó que en 2001 acababa de graduarse de la preparatoria y esperaba recibir la llamada para integrarse al Departamento de Bomberos. Veinticinco años después, realizó el recorrido acompañado de sus compañeros.
Escuchar la última alarma y los toques de corneta fue uno de los momentos más dolorosos para él. “Son sonidos muy desgarradores. Te hacen llorar, especialmente al pensar en las familias que tuvieron que enfrentar ese sacrificio y ese dolor”, dijo. “Esta es la realidad para los bomberos y para cualquier socorrista: la vida puede ser arrebatada en cualquier momento”.
El jefe del Distrito de Servicios de Emergencia Número 1 del Condado de El Paso, Kristian Menéndez, explicó que cada escalón representó un acto de respeto hacia quienes respondieron a la emergencia. “Aquí estuvimos para recordarlos, reconocerlos y agradecer todo lo que hicieron. Ellos realizaron el máximo sacrificio”, manifestó tras resaltar la participación de militares, agentes federales, policías, bomberos y ciudadanos que simplemente deseaban mantener viva la memoria de las víctimas.
El juez del Condado de El Paso, Ricardo Samaniego, afirmó que la concurrencia mostró la solidaridad que distingue a la comunidad fronteriza, especialmente durante los momentos de dolor. “Fue una oportunidad para mostrarle al resto del país el tipo de comunidad que somos. Lo más importante fue demostrar que no los vamos a olvidar y que nadie murió en vano”, expresó.
Samaniego señaló que la conmemoración también permitió agradecer a quienes todavía arriesgan su vida diariamente para responder a incendios, accidentes, actos de violencia y otras emergencias. “Muchas veces no les damos el crédito que merecen. Si ocurre una emergencia, están inmediatamente con nosotros. Salen por la mañana sin saber si regresarán a casa, pero ahí están por nosotros”, afirmó.
También recordó a los sobrevivientes, bomberos, policías y trabajadores que desarrollaron enfermedades graves después de respirar el polvo, el humo y las sustancias tóxicas que cubrieron la zona donde se levantaban las Torres Gemelas.
Los ataques del 11 de septiembre de 2001 no solamente cambiaron la historia de Estados Unidos, sino también la vida cotidiana en la frontera. Las medidas de seguridad se endurecieron en los puertos de entrada, aeropuertos y edificios públicos, mientras el país enfrentaba una nueva percepción del peligro.
Para Samaniego, la tragedia dejó como enseñanza la necesidad de permanecer atentos y preparados ante cualquier emergencia. Sin embargo, sostuvo que también confirmó la capacidad de las comunidades para unirse frente a la adversidad.
“En esos momentos somos mejores para juntarnos, unirnos y pensar en las personas que ya no están y en sus familias”, dijo.
La jornada concluyó después de un exigente ascenso cargado de simbolismo. En cada escalón estuvieron presentes los nombres, las historias y las familias de quienes murieron aquella mañana.
A un cuarto de siglo de los atentados, El Paso volvió a pronunciar una promesa nacida entre los escombros y el dolor: nunca olvidar a quienes perdieron la vida ni a quienes corrieron hacia el peligro cuando los demás intentaban escapar.
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