La palabra carbono, suele asociarse en la percepción pública con un impacto ambiental negativo, debido a uno de sus compuestos, el dióxido de carbono o CO2, gas presente de forma natural en nuestro planeta, pero cuya concentración viene aumentando en la atmósfera debido a actividades humanas como la quema de combustibles fósiles, la agricultura y la ganadería, ciertos procesos industriales y la deforestación.
El CO2 (compuesto por un átomo de carbono y dos de oxígeno) es uno de los principales gases de ‘efecto invernadero’ que atrapan el calor en la atmósfera, por lo cual su concentración en niveles excesivos hace que las temperaturas aumenten, provocando el calentamiento global, cambios en el clima, alteraciones de la biodiversidad e impactos en la salud humana, de acuerdo con muchos especialistas.