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El Diario 26 Jun, 2026 19:11

Juárez, el TMEC y el futbol

El tiempo pasa sembrando cambios inevitables. Nuestra ciudad, la economía y los deportes son igualmente vulnerables a la evolución

Hola, buenas tardes, mis lectores. Deseo que disfruten de este gran mundial que vivimos en los países trilaterales del Tratado de Libre Comercio (T-MEC): México, Estados Unidos y Canadá. Esta justa no es solo un espectáculo deportivo; refleja una profunda integración económica que transforma nuestra frontera.

Al ver esta efervescencia, la memoria viaja al pasado, conectando la psique de la comunidad con los recuerdos que nos formaron. Evoco a mis tías abuelas, Olga y Lola, mejor conocidas en el Juárez de mi infancia como las señoritas Márquez. Se quedaron solteras para cuidar de mi bisabuelo y administrar las propiedades; aunque, sostengo el firme criterio empresarial de que para gestionar un patrimonio no se requiere quedarse soltero. Vivían en una casa en Los Nogales, con un terreno de 2,000 metros cuadrados: 1,200 eran puro jardín y 800 de construcción y cocheras.

Recuerdo que llegaban a casa de mi abuela, donde estábamos mi mamá, mi hermana y yo. Nos subíamos al carro con dos garrafones de vidrio hacia la calle Reforma, rumbo a la famosa Cervecería Cruz Blanca, vinculada al legado de la familia De la Vega y Don Artemio de la Vega.

Nos estacionábamos abajo de unos tejabanes y luego la mesera llegaba al vehículo, recibía los galones y regresaba con ellos llenos de cerveza fresca. En el jardín, extendían unas colchas grandes, sacaban la televisión y nos poníamos a ver el juego de la Selección Mexicana. Era el Mundial de 1978, yo tenía 13 años. Jugamos contra Alemania y se me quedó grabada la expresión de mis tías tras perder 6 a 0: «Les pusieron una pataleada como si fuera fútbol llanero», dijeron. Tampoco se me olvidan las botanitas para amenizar el momento, tal como se hace hoy.

No soy experto en fútbol ni muy dado a los deportes; me gustan cuando son encuentros importantes como este mundial. Sin embargo, todo evoluciona. La selección mexicana evolucionó y hoy negociamos el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. El primer actor, y el más complicado, es Estados Unidos. Es hora de que México evolucione con su mano de obra y su industria. Contamos con gente muy especializada, pero padecemos una constante fuga de cerebros que se van al mundo; Alemania se ha construido con talentos de otras naciones y en Estados Unidos hemos tenido hasta astronautas mexicanos. Mi punto central apunta al camino hacia la madurez.

Hace diez años, un colaborador de mi negocio me invitó a ver un juego local. «Vamos, jefe, hace calor y sol, pero se la va a pasar muy bien», insistió. Acudí a los famosos campos conocidos como "los hoyos". Al llegar, entendí la frase de mis tías: no eran más que puros llanos con rayas blancas de cal. Perdimos 12 a 1. Con ironía le dije a mi empleado: «Qué bárbaro, David, ¿a esto me traes?». Pero todo madura. Aquel mismo grupo, que hoy supera los 50 años, ya fue campeón dos años consecutivos. Esto es una muestra de que los procesos maduran. Quien madura no es solo el jugador joven, sino quien administra a esos jugadores. Esa misma madurez es la que hoy requerimos en los negociadores de la Secretaría de Economía para librar un mejor tratado.

Este ya es un tratado con aranceles. A diferencia del primero de Carlos Salinas, Bill Clinton y Canadá —que tardó 20 años en desgravarse hasta llevar casi todas las tasas al cero—, esta vez arrancarán con factores dinámicos sin tener la parte final. Hasta aquí dejamos esta reflexión y recuerdo mis lectores. Me despido no sin antes decirles que disfruto mucho escribir estas crónicas que nos llevan a rescatar la memoria de nuestra amada comunidad, recordando la Cruz Blanca y la gran visión empresarial que tuvo Don Artemio de la Vega.

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