El Mundial de 2026 está dejando una evidencia nueva: el gol ya no solo sirve para ganar partidos. También sirve para sobrevivir. Con el formato de 48 selecciones y la clasificación de los ocho mejores terceros, cada tanto tiene un valor añadido. Marca diferencias, corrige derrotas y puede convertir una fase de grupos irregular en un billete para las eliminatorias.
El mejor ejemplo es Senegal. La selección africana perdió sus dos primeros partidos, cayó ante Francia y Noruega, y llegó a la última jornada con el agua al cuello. En cualquier otro contexto, su torneo habría parecido prácticamente terminado. Sin embargo, goleó 5-0 a Irak y cambió por completo su situación.
Ese resultado no solo le dio tres puntos. Le dio algo más importante: una diferencia de goles positiva. Senegal terminó con una victoria, dos derrotas y un +2 que le permitió colocarse por delante de otros terceros con los mismos puntos. En este Mundial, una goleada puede valer casi tanto como una clasificación directa.
Irán ofrece el otro lado del mismo fenómeno. No ganó ningún partido, pero tampoco perdió. Empató sus tres encuentros, sumó tres puntos y acabó con una diferencia de goles neutra. No hizo un gran Mundial, pero tampoco se hundió. Y en este formato, no hundirse también puede tener premio.
La comparación es clara. Senegal llegó a tres puntos por una vía explosiva: dos derrotas y una goleada. Irán llegó al mismo lugar por una vía conservadora: tres empates y ningún desastre. Dos caminos distintos, una misma conclusión: el gol average se ha convertido en una competición paralela dentro del Mundial.
También ayuda mirar hacia abajo. Uruguay terminó eliminado con dos puntos pese a no haber sido una selección goleada de forma escandalosa. Arabia Saudí también se quedó fuera. Corea del Sur, Escocia o Argelia han vivido o viven pendientes de cada gol encajado, cada tanto marcado y cada diferencia mínima.
El nuevo Mundial premia más cosas que antes. Premia ganar, por supuesto, pero también perder por poco, marcar en partidos que parecen sentenciados y no dejarse llevar cuando el resultado ya está en contra. En una tabla de terceros, un gol en el minuto 90 puede valer una eliminatoria.
Por eso este torneo obliga a mirar los partidos de otra manera. Ya no hay tantos marcadores intrascendentes. Una derrota por 3-2 puede ser mejor que una por 2-0. Una goleada en la última jornada puede rescatar dos tropiezos anteriores. Y una selección que parecía fuera, como Senegal, puede seguir viva porque entendió a tiempo que en este Mundial cada gol cuenta. @mundiario