México atraviesa un momento de definiciones. Frente a la omisión, la indolencia y la reiterada falta de criterio del gobierno del oficialismo para responder a las necesidades de las comunidades, los ciudadanos pronto habremos de decidir qué futuro queremos para nuestro país y para las familias.
Sin embargo, quienes creemos que podemos frenar el desastre que vive México y ofrecer una alternativa real, debemos comenzar por decir la verdad. Porque decir la verdad es el acto más valiente cuando se vive bajo un régimen autoritario como el que hoy vivimos.
Durante años normalizamos poco a poco las señales de alarma que ocurrían en todo el territorio. El paulatino avance de la 4T, la manera paciente en la que minaron las instituciones, debilitaron los contrapesos institucionales y convirtieron el discurso político en una herramienta populista para no entregar resultados, no fue un error de cálculo, sino una estrategia para moderar las sospechas y minimizar la desconfianza.
Muchas personas, incluida una servidora, por un tiempo dejamos de ver con la claridad necesaria que este régimen tiene como estrategia sistemática normalizar y esconder la muerte, para luego proteger a los responsables; y finalmente utilizar la mentira para ocultarla.
Sin embargo, frente a un avance que cada vez más descarado, hoy más que nunca debemos denunciar el atropello que viven nuestras comunidades y decirlo con todas sus letras: Morena es un narco régimen.
El narco régimen no es un concepto abstracto de la teoría política; tiene rostro, y se muestra en miles de personas que sufren todos los días.
Es el productor del campo o el pescador obligado a entregar el fruto de su trabajo al crimen; son las familias que viven encerradas por miedo a las balaceras; es quien paga el agua al triple de su costo porque el narco controla el pozo de su comunidad.
Son también nuestras comunidades indígenas, desplazadas de sus tierras o forzadas a sembrar bajo la amenaza de las armas; son los jóvenes engañados, reclutados, torturados y convertidos en esclavos del crimen organizado hasta ser desaparecidos. Ese es el verdadero rostro del narco régimen, un país donde la violencia dejó de ser una excepción para convertirse en la tragedia cotidiana de miles de familias mexicanas.
Para frenar este desastre consolidado, el camino comienza con el reconocimiento de la verdad: la pesadilla de la 4T es que se diga la verdad. Y la consecuencia de decir la verdad es mostrarle a la gente a ver con total claridad el contraste.
Como resultado, el oficialismo activa su maquinaria de Estado, usa los recursos públicos y sus aparatos de propaganda para linchar a quienes nos oponemos a él.
Con descaro, persiguieron a una servidora, gobernadora de oposición, por hacerle frente de manera directa al crimen organizado, mientras protegían a un gobernador acusado de tener vínculos directos con este mal que tanto ha lastimado a nuestro país.
Lo hicieron, porque el proyecto de nuestro gobierno humanista es una gran opción para México; nosotros representamos los gobiernos de la verdad y la vida; representamos los gobiernos que no se esconden ni maquillan sus cifras para mantener su popularidad; representamos los gobiernos que trabajan para darles a las familias la posibilidad de un mejor futuro, sustentado en soluciones de fondo y no con simples cuidados paliativos.
Lo hacemos desde distintas trincheras. Mientras la 4T le entrega el control territorial al crimen organizado sobre la Sierra Tarahumara, y deja a su suerte a las comunidades indígenas, en Chihuahua llegamos con vacunas y atención médica, con apoyo alimentario, electrificación y agua potable a los rincones más alejados.
Mientras en los hospitales de la Federación no hay ni camas para los pacientes, en Chihuahua lanzamos nuestra respuesta humanista: MediChihuahua, para ofrecer consultas, estudios y medicamentos gratuitos a quienes no cuentan con servicio médico.
Mientras el régimen vulnera nuestra relación bilateral y compromete el T-MEC por proteger a sus narco políticos, los gobiernos humanistas construimos el crecimiento económico que sostiene a millones de familias. Chihuahua, por ejemplo, ha sido por 15 años consecutivos el estado líder en exportaciones hacia Estados Unidos.
Mientras el oficialismo abandonó a las familias y les arrebató los lugares seguros donde podían dejar a sus hijos, en Chihuahua defendimos las estancias infantiles, que hoy en día cuidan y forman a miles de pequeños chihuahuenses.
Frente a una federación que vulnera, divide y humilla, nuestra visión solo se fortalece: construir una alternativa confiable que responda a la ciudadanía, y que dignifique la vida de las personas. Una servidora y quienes compartimos la visión de un Chihuahua y un México seguro, próspero y con oportunidades, nos mantendremos firmes; no dejaremos de decir la verdad y luchar por la vida, la familia y la libertad.
Creo firmemente que hay muchos ciudadanos que comparten nuestro proyecto humanista. Nosotros estamos llamados a ser la verdadera esperanza de México, a ser distintos y distinguibles. A evitar el dolor que puede ser evitado, y a juntos construir una sociedad en la que todos podamos coexistir.
Lo haremos por la vida, por la verdad, por la familia y por la libertad. Ese es nuestro llamado y vamos a responder.